Un balance con sabor agridulce
Si tuviera que hacer una evaluación sobre la administración Martinelli, tendría un sabor agridulce.
Seguramente la hoja no alcanzará para tratar todos los temas, pero en síntesis esta es la apreciación: Dulce, por la iniciativa y ejecución de varias obras de la red vial que sin duda después de los dolores de cabeza del tráfico, los arreglos serán el analgésico que por años ha esperado la ciudadanía. Agrio, por el costo y las políticas de endeudamiento del Estado. En el transporte aún hay escasez de metrobuses, filas interminables que poco mejoran la calidad de vida. La situación podría aliviarse cuando entre en funcionamiento la línea del metro; no obstante, aún nadie conoce cuánto costará el pasaje ni de cuánto será el subsidio del Estado, se asoma la irresponsabilidad para con la población y futuras administraciones que manejarán la cosa pública, pues la tendencia es reducir los subsidios al máximo.
En educación, aplaudo el programa de “laptops” para estudiantes. Sin embargo, para completar el aprovechamiento es necesario el servicio de internet en los planteles, una tarea pendiente en la materia.
En salud, poco se ha conseguido. No se alivia la atención, la proximidad en citas, cirugías, disponibilidad de medicamentos y especialistas. La construcción de nuevos centros hospitalarios resulta un derroche, en especial la ciudad hospitalaria, donde se pretenden invertir millones a pesar de una débil planificación del impacto que tendrá esta infraestructura en las áreas revertidas. Se pretende construir un megacentro de salud sin una verdadera transformación del sistema.
Un tema pendiente sigue siendo el costo de los alimentos y la seguridad agroalimentaria. Cuatro ministros se han sentado en el MIDA y hasta ahora ninguno ha logrado un plan efectivo en el agro. No se motiva al agricultor, las proyecciones sobre las ventas se ven opacadas por las importaciones fuera de los contingentes. Apostando a la importación no lograremos ser autosuficientes en los productos de mayor consumo; lo que es peor, vamos a contrapelo con la advertencia mundial sobre escasez de alimentos. No hay estadistas en este renglón.
Por ultimo, lo más amargo: la justicia. Un sistema moroso de poca rendición de cuentas. Da la impresión de que las decisiones judiciales son exclusivas para los pudientes.
Nuestro sistema penitenciario no se arregla con más facilidades, sino con programas de resocialización para toda la población, no solo para condenados. Faltan programas preventivos interdisciplinarios, que no se miden con canchas deportivas. El alza de penas no remedia al delincuente. Mientras no se contemple lo anterior, la delincuencia, y más la organizada, seguirá atrayendo a quienes se vean limitados en sus oportunidades de vida, incluya aquí agua, vivienda, alimentación y educación.
Periodista
