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Un barco a la deriva


Probablemente haya personas en el gobierno que tienen muy claro qué es lo que buscan y también es probable que lo estén logrando. Pero la pregunta acerca de cuál es el rumbo de la democracia panameña en estos momentos no se refiere a cómo se sienten los gobernantes en relación con sus aspiraciones personales. La respuesta, ya célebre, de que “Panama is open for business” no es en modo alguno aceptable cuando la cuestión se centra en temas relativos al desarrollo humano y a las oportunidades de los más vulnerables, o a los concernientes al estado de derecho, la independencia de la justicia, la lucha contra la impunidad y el respeto a los derechos humanos.

Así como las sociedades experimentan procesos constituyentes, mediante los cuales se renuevan las instituciones democráticas para dar respuestas a nuevos retos, también hay procesos disolventes, en el que la estrechez de miras conduce a los gobernantes a resolver problemas pequeños dándole grandes dentelladas a la institucionalidad. En las últimas semanas el Presidente de la República afirmó haber sacado al Alcalde de Colón –cuando en realidad fue separado del cargo por resolución judicial- y ordenó primero detener y luego liberar a manifestantes que rechazaron una ley infame.

El papeleo lo tramitó, por supuesto, alguna fiscalía. ¿Tiene el Presidente la capacidad de corregir errores, de enmendar prácticas contrarias a la Constitución, instalar un discurso democrático de respeto a los adversarios y opositores, y retomar la senda que le marcó el electorado el año pasado? ¿O seguirá la democracia panameña a la deriva?