Un buen patronato
La Cinta Costera se ha convertido en poco tiempo en el principal lugar de recreo y práctica de actividades deportivas de la ciudad capital.
En ella coinciden diariamente miles de panameños y extranjeros que gozan de la vida marina, el sol y el modernismo de una de las ciudades más pujantes de Latinoamérica: Panamá.
La obra, inaugurada el 28 de junio de 2009 a un costo inicial de 189 millones de dólares, es actualmente timbre de orgullo para el país. Sin embargo, en un pasado reciente fue motivo de vergüenza por el estado deplorable y el abandono en que se encontraba.
Una disputa netamente política entre la Alcaldía de Panamá y el Gobierno Central provocó que sus estructuras fueran abandonadas durante casi un año y quedaran a merced de delincuentes e inadaptados que las vandalizaron.
Afortunadamente, esta situación fue superada y los panameños no tenemos que sufrir la pesadilla de ver cómo una de las principales obras republicanas se perdía ante la mirada indolente de las autoridades.
Por eso resulta apropiada la decisión del Ministerio de Obras Públicas de crear un patronato que administre el mantenimiento y conservación de la Cinta Costera.
Su junta directiva debe congregar a importantes figuras públicas y privadas de la sociedad, gente con vocación de servicio que tenga claro que esta obra se ha convertido en una de las preferidas de los panameños.
En esto no caben consideraciones políticas, intereses personales ni resentimientos, lo ideal es que dentro del patronato se incluyan a representantes de la Alcaldía de Panamá y del Consejo Municipal, como ellos han venido exigiendo. Velar por el uso óptimo de los recursos del Estado es una obligación inalienable de todas las autoridades y un compromiso moral de los miembros de la sociedad.
Mezclar en este tema elementos adicionales alejados de estas consideraciones sería pernicioso y reprochable. El patronato de la Cinta Costera debe ser un ejemplo de que los panameños queremos y podemos administrar nuestros recursos como el país lo requiere.
