Un cabo suelto
La teoría estratégica norteamericana de contención comunista de la Segunda Guerra Mundial dejó un cabo suelto: Corea del Norte. Con la ocupación de Japón, el gobierno de Harry Truman creyó que, después de que Stalin lograra la satelización soviética de Europa Oriental, la expansión comunista por Asia resultaba improbable.
Sin embargo, el sorpresivo desencadenamiento de la guerra de Corea lo enfrentó al error estratégico, que, medio siglo después, ahora preocupa al mundo entero. Con apoyo militar de la Unión Soviética y China, a principios de la década de los cincuenta, Corea del Norte, bajo control comunista, ocupó Corea del Sur.
Estados Unidos apresuradamente desplazó tropas de ocupación de Japón y logró contener a los norcoreanos con la fijación en el paralelo 38 de una frontera respetada por las partes. El general Douglas MacArthur llevó a cabo una espectacular maniobra desembarcando en el puerto de Inchon, detrás de las líneas norcoreanas, y avanzó hasta el río Yalú, en la frontera con China. Truman recriminó al general por esa audaz maniobra y después lo destituyó por desacatar a la Casa Blanca. La historia le da la razón a MacArthur. Corea del Norte hoy sería solo un recuerdo de la Guerra Fría.
Pero la repetición de los errores estratégicos norteamericanos en la península coreana ha alimentado la subsistencia de uno de los más agresivos regímenes comunistas del mundo asiático con el actual desafío de fabricación de armas nucleares capaces de alcanzar territorio norteamericano.
Mezcla extravagante de la doctrina suche, creada por Kim-il-sung, abuelo del actual gobernante, combinando dosis desproporcionadas de budismo degenerado con un comunismo beligerante y sucesiones dinásticas semejantes a las de las corruptas monarquías asiáticas del pasado, Corea del Norte ha interrumpido abruptamente negociaciones nucleares con Estados Unidos y por sus pruebas en el océano Pacífico se enemista hasta con sus padrinos rusos y chinos, para llevar adelante, contra viento y marea, planes crecientes de armamentismo.
China y Vietnam han dejado atrás el belicismo de antaño para insertarse en la economía de mercado y salir del subdesarrollo económico, transformándose en potencias exportadoras. Pero Corea del Norte no asimila lección. Como su abuelo y a su padre, el gordezuelo cuasi adolescente al mando de las riendas del poder continúa sacrificando el bienestar de las masas norcoreanas castigadas constantemente por hambrunas para invertir sumas cuantiosas de dudoso origen en pruebas nucleares.
Por coincidencia le ha tocado a otro gobernante demócrata norteamericano lidiar con un rival testarudo que no solamente amenaza a los vecinos de Corea del Sur y Japón, sino que tiene la desbocada ambición de lanzar cohetes nucleares de largo alcance. ¿Repetirá Barack Obama los errores de Harry Truman? ¿Cómo afrontará el reto? ¿ Aparecerá otro Douglas MacArthur?
En momentos en que ha ordenado el regreso a casa de los soldados acantonados en Afganistán, y trabaja en el repunte productivo del empleo en medio de un enorme déficit, el presidente Obama no podrá minimizar las amenazas nucleares provenientes de Norcorea y de Irán.