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Un carnaval de presidenciables


Salen de todos lados, hasta debajo de las piedras. No importa si tienen seguidores o si su popularidad es baja (algunos ni siquiera marcan en las encuestas) pero en sus cabezas solo tienen ese deseo incontrolable de ser presidentes de la República de Panamá. 

Quizás Panamá sea uno de los pocos países en la región que tiene más aspirantes presidenciales en proporción a su población. Lo más curioso de esta historia es que las elecciones para escoger a ese presidente o presidenta son el 2014.

Cada día que pasa saltan al ruedo por la presidencia   ministros, diputados y ex diputados, ex presidentes, líderes sindicales y veteranos políticos que no se cansan de intentarlo. La lista de soñadores no para de crecer, sin importar si son de gobierno otros de oposición.

¿Es saludable esto para el país? La saturación de promesas y la avalancha de crítica políticas puede terminar enloqueciendo a los electores. Cuando llegue el momento de emitir un voto, en tres años, cualquier cosa puede suceder.

Muchas de las figuras que tienen aspiraciones deben pasar un proceso interno en sus partidos, ahora también deberán pensar en interpartidarias y otros en alianzas.

 En la última elección del Partido Revolucionario Democrático, principal colectivo de oposición del país, se vivieron momentos decepcionantes. La guerra de insultos y descalificaciones condenó las aspiraciones de varios líderes de ese partido.

Cuando los ganadores de esa contienda enfrentaron las elecciones generales, sufrieron las consecuencias de ese desgaste y algunos

perdieron ante sus electores.

Los partidos políticos deben tener presente que no todos los panameños pertenecen a un colectivo, existe una gran parte de la población que llega a las urnas con un criterio independiente. Ese segmento de electores, por lo general son los que deciden las elecciones

y escogen a los gobernantes.