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Un círculo vicioso


Es lamentable que la ministra de Educación y la dirigencia magisterial panameña pierdan su tiempo en discusiones estériles mientras el sistema educativo se hunde cada día más en el pantano de la ineficiencia.

Cada minuto desperdiciado es trascendental para el futuro de nuestra juventud y de la nación misma. Los años pasan y no avanzamos en los famosos diálogos nacionales o en las reuniones entre el Ministerio de Educación y los dirigentes educativos.

Es como un círculo vicioso que no tiene fin, con interminables negociaciones que cuando parecen llegar a acuerdos, surgen nuevos pliegos de peticiones que retroceden todo al punto cero.

Pareciera que la única agenda que tiene la eterna dirigencia es obstaculizar todo esfuerzo o iniciativa que quiera cambiar el “status quo” en el caduco sistema.

No importa qué contenido tenga o quién impulse las iniciativas, para la dirigencia todo está mal y merece un irremediable rechazo.

Estos dirigentes se empeñan en mezclar sus intereses políticos con un tema que debería ser sagrado y totalmente alejado de los vaivenes partidistas.

No se trata de una iniciativa proveniente exclusivamente del Ministerio de Educación, la sociedad panameña se ha organizado varias veces en torno a este tema para tratar de revertir los pésimos resultados que arroja nuestro costoso sistema educativo.

Seguramente, la mayoría de los educadores del país no está de acuerdo con esta situación. Ellos mismos son prisioneros de su propia dirigencia, que ha desviado los objetivos primordiales de las organizaciones magisteriales.

La lucha del educador panameño no debe ser únicamente de carácter reivindicativo, con sus conquistas estamos de acuerdo la mayoría de los panameños, pero sus esfuerzos también deben incluir un interés por elevar el nivel educativo.

El país no puede esperar más, urge que quienes se empeñan en bloquear todo esfuerzo positivo entiendan que no es justo poner a nuestra juventud como escudo para lograr sus intereses particulares.