Un comentario politiquero
Hace unos días escuché a un miembro del PRD hacer unos comentarios, a los que me voy a referir. Los comunistas son “Los maestros del engaño” expertos en causar mentiras con verdades para confundir a los incautos y así lograr sus fines políticos; y el interlocutor intentó esa práctica. Solo porque ya es inocultable, empezó hablando del excelente desarrollo de la economía panameña, una de las más destacadas del mundo. Debido al prístino e impecable manejo económico y financiero del Gobierno, Panamá logró, hace 3 años, obtener “Grado de Inversión” por parte de las tres calificadoras internacionales de riesgo, y somos ahora uno de los cinco países latinoamericanos en haberlo logrado. Pero en breve el señor empezó a criticar y demeritar toda la labor del Gobierno. ¿Se podría alcanzar tan enormes éxitos si se estuviera haciendo todo mal?
Dijo, sin presentar prueba, solo porque a él le da su gana, que la donación de computadoras ha sido inútil porque los estudiantes les dan mal uso. Pocos países, aún los ricos, han hecho tan millonario esfuerzo de dotar de computadoras a más de 80,000 estudiantes; infoplazas, libros, uniformes, beca universal, el Ángel Guardián, construcción de muchas modernas escuelas para mejorar la educación, que es la forma permanente de distribuir riqueza y calidad de vida.
Dijo que se “tenía” que hacer una reforma educativa, descartando que lo que acabo de narrar, más los favorables cambios curriculares ya también efectuados, son la tal reforma educativa que ya puso en ejecución la ministra Lucy Molinar, desde hace cuatro años. ¿Será que añora la reforma educativa socialista que no logró implantar Omar Torrijos, su mentor político?
El mes pasado se efectuó en Panamá las Olimpiadas Matemáticas, y Panamá recibió el premio Puerto Rico, por ser el país que más avanzó en estos últimos dos años. Además, el “World Economic Fórum” destaca, también, los grandes avances al reducir, en solo 2 años, la deserción escolar desde el 5.2% al 3.2%, más de 15,000 estudiantes. Tampoco comentó que fue Omar quien suspendió la enseñanza de inglés en las escuelas públicas. Criticó la incultura y falta de valores de los panameños, cuando fueron ellos mismos, los torrijistas, quienes la fomentaron al eliminar materias como Cívica y Urbanidad, porque lo único importante para aquel era “la producción”. Y todos estos avances educativos se han logrado por encima de la permanente insurrección de los dirigentes docentes.
Hasta se atrevió a proponer suspender la construcción de muchos y muy completos hospitales, al aseverar que debemos desechar la medicina curativa para concentrarnos en la preventiva. ¿Es posible hacer la una sin la otra? Tenemos ahora el mejor programa de vacunación infantil de toda el área, y la expectativa de vida de los panameños ya es de 78 años, la quinta mejor de Latinoamérica y la trigésima del mundo, debido también, a la medicina preventiva. Panamá ha reducido la pobreza mediante el logro del pleno empleo, sumado al otorgamiento de los subsidios a los pobres. Se rebajó la deuda en relación con nuestro PIB, para mencionar solo algunos de los enormes éxitos socioeconómicos. Extranjeros vienen en búsqueda del “Sueño Panameño”.
Insistió el señor en que debemos cambiar la cultura del panameño; pero cuando habló de los indígenas, que son apenas el 10% de la población aunque ellos les donaron el 30% del territorio nacional, dijo que nosotros: -3 millones de panameños- somos quienes tenemos que entender y aceptar su cultura, y no a la inversa. No criticó las comarcas comunales, o sea comunistas, ni abogó por instaurar en ellas la propiedad privada que sin duda los sacaría de la pobreza y atraso en que los mantienen sumidos sus Caciques que no quieren perder sus poderes monárquicos. Los indígenas, en vez de enfocarse en el futuro, se consumen en amargura y resentimiento resistiéndose a olvidar la conquista española, y tal negativismo, de no aceptar la cultura occidental es de las principales razones de su enorme improductividad, miseria e ignorancia.
Para criticar 100 a los 70, se fue hasta Bocas donde, dijo, esos 100 no les sirven porque allá todo está muy caro. ¿Les iría mejor, entonces, si no recibieran esos $100? Abogar, como lo hizo, por la eliminación de los subsidios a los pobres, a sabiendas de que es, aunque temporal, la forma más inmediata de distribuirles riqueza y mejorarles su calidad de vida, es una verdadera infamia anticristiana.
Recurrió al ya reiterado estribillo de “la mala distribución de la riqueza”, problema de arrastre sobre el que nada hizo su partido, PRD, durante los 31 años en que gobernó. ¿Se puede distribuir riqueza inexistente? Había que incrementarla, ¡y se está haciendo!
Podría plantearles muchísimos otros temas, pero no quiero abusar más de su tiempo.