Un cuento con sabor a “cocowash”…
Hay una gran indignación de la sociedad por los constantes saltos de diputados, alcaldes, y representantes al partido oficial.
Por más que sus protagonistas quieran convencernos de que estas convicciones partidarias son genuinas, la gente sabe y los hechos lo muestran que obedecen a intereses personales.
Los más recientes casos son patéticos; una directora a la que se le cuestiona su preparación como directora del INAC fue removida y tan pronto su padre saltó de tolda recuperó su puesto.
El transfuguismo es una cosa excepcional por la forma en que esta ocurriendo en nuestro país. Si bien puede ser común ver a un solitario trasladarse a otro partido, ahora ocurre masivamente. Uno de las instituciones más afectada es la Asamblea Nacional, cuya misión es supervisar las acciones del gobierno, no obstante, cuando ésta se pierde su equilibrio, porque quienes integran este órgano se pasan al partido oficialista, se tiende a exceder los mandatos del Ejecutivo o a caer en la inoperancia.
Los diputados se están llevando consigo a los representantes de sus respectivas circunscripciones, estos últimos saben que si no se ponen de su lado no podrán resolver los elementos básicos de sus comunidades. Elementos que el gobierno debería dar solución y no así los diputados que adoptan un traje que no corresponde a su investidura.
Por otro lado, llama la atención que algunas personas que han cambiado de toldas políticas tenían casos pendientes con la justicia y éstos no han caminado judicialmente, quedan sobreseídos, o los cargos que pesaban sobre ellos tienden a perder fuerza judicial.
Lo más ridículo es cuando los tránsfugas pretenden convencer a la ciudadanía de que su cambio al oficialismo obedece a planteamientos idealistas, un claro disfraz de sus propios intereses que busca conquistar a los más ingenuos insultando el intelecto común.
Un escenario peligroso para nuestra democracia si tomamos en cuenta la poca credibilidad que tienen los colectivos políticos. Pero también una alerta para todos nosotros como sociedad, no hemos sido capaces de exigir al gobierno de turno la atención a las necesidades básicas de la población como educación, agua, salud, vivienda. Situación que “obliga” al ciudadano a conformarse con las soluciones que le brinda cualquiera, tal vez sin indagar quien sea esta persona o incluso de donde provienen los recursos que utiliza para estas “soluciones” que el gobierno ha descuidado. Ahí está el peligro, pues de continuar con esta tendencia a nuestra problemática podríamos quedar fuera del juego democrático con el riesgo de llegar a situaciones extremas para poder recuperarla.
Periodista.
