default

Un cuento corto: sin maleantes no hay democracia

Por: Redacción 23/10/2016

Cuenta la leyenda que en una tierra prometida no muy lejana, en donde los caminos de Dios llevaban a este hermoso lugar bañado por azules mares, cubierto de un verdor clorofílico y cielos cristalinos, coexistían tres reinos y varios principados que discrepaban de los mismos.

Cada cinco años se sucedían guerras entre estos reinados tratando de imponer su forma de gobernar el territorio bajo la óptica de su visión. Entre guerra y guerra, habían escaramuzas originadas por alianzas que hacían los súbditos de los reinos perdedores en contra del Rey ganador y sus aliados.

En este reinado temporal cuasi absoluto, existía un Parlamento y unos nobles que ayudaban a impartir justicia al Rey reinante.

El Parlamento estaba formado por condes pertenecientes a los tres reinos: el reino de Payamismo, el reino del Poder Renegado Divergente y el reino del Comando Divertido. Unos adictos al poder reinante y otros opuestos al Rey de turno.

Los Nobles que ayudaban a impartir justicia, lo hacían desde sus recintos del Ayuntamiento, en la colina del Prado, desde donde emitían sus directrices en soporte al Rey, y en ocasiones al Parlamento.

La sucesión de reyes se daba sin mayores altercados bajo el amparo y protección de la Guardia Real que garantizaba la tranquilidad de los súbditos y mandato de los reyes.

Pero como en todo cuento de hadas, con el correr de los años la realidad empezó a cambiar, los súbditos se hicieron lacivos y se fueron descarriando generando como consecuencia una pléyade de facinerosos, ladrones y asesinos que atemorizaban a nobles y plebeyos.

Los nobles al ver disminuidas sus riquezas crearon el Movimiento Que hay Pa Mi y pronto la monarquía temporal existente se destabilizó, dando origen a una gobernanza compartida en donde los nobles la apoyaban a cambio de favores, al amparo de la Guardia Real, que ahora solo alcanzaba a proteger a la nobleza dejando a merced de los saqueadores y criminales a los súbditos plebeyos.

A medida que transcurría el tiempo la situación fue deteriorándose en el aspecto social y económico para los plebeyos, más no así para la nobleza, que ayudados por los condes del Parlamento y los nobles que impartían justicia, crearon leyes que beneficiaba la incorporación de nobles de otros reinos extranjeros que invirtieron y adquirieron propiedades, creando nuevas riquezas para el reino.

Pero esas mismas leyes, al carecer de controles, no podían impedir la entrada de facinerosos de reinos vecinos que llegaron atraidos por la nueva era de prosperidad del reino.

La Guardia Real, que había también experimentado crecimiento y prosperidad, seguía no pudiendo proteger a los súbditos no allegados al reino, con lo cual se vio obligada a crear el concepto de percepción estadística para sustentar su presupuesto, convenciendo al Rey de que era aceptable convivir con alguna criminalidad y esperar que los escribanos y juglares adaptaran sus historias y cantares de las realidades cotidianas, a las percepciones estadísticas del reino.

Ahora, el pueblo y sus juglares un poema están cantando: “sin maleantes no hay democracia”.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Ex-Alumno del Instituto Nacional. Generación 64-65

 

 

Edición Impresa

Miércoles 22 de julio de 2026