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Un diálogo de cara al país


El Gobierno invitó a los partidos de oposición a conversar sobre temas nacionales. La esencia de la iniciativa parece saludable, si lo que busca al final es crear un clima propicio para que el país siga desarrollándose económica y socialmente sin mayores sobresaltos.

No obstante, resultaría altamente decepcionante si esta conversación arroja acuerdos de cámara en los que el único perjudicado siempre es el pueblo.

Históricamente, los diálogos entre políticos en Panamá han sido poco productivos para el común de los panameños; por eso, esta convocatoria debe extenderse a otros grupos representativos de la sociedad.

Una muestra de ello es la condición que impuso el opositor Partido Revolucionario Democrático (PRD) para acudir a esta cita. Exigen que antes cese lo que ellos califican como una persecución del Gobierno. Tal vez haya algo de cierto en este planteamiento, pero de ninguna manera esta condición debe incluir el archivo de los procesos penales que se siguen en contra de perredistas.

Condicionar un diálogo que puede ser positivo para el país a permitir la impunidad, es otra gaznatada al pueblo. Tanto Gobierno como oposición deben dejar que la justicia haga su trabajo sin presiones de ninguna índole.

Y para garantizar que este diálogo sea realmente productivo y de cara a los intereses nacionales, debe llamarse a la Iglesia para que actúe como garante.