Un dolor de cabeza
Un nuevo tiroteo se registró en el centro penitenciario La Joyita entre miembros de diferentes pandillas que están detenidos en ese penal.
Como en ocasiones anteriores, las autoridades de la cárcel y del Ministerio de Gobierno no tienen una explicación certera de cómo los reclusos pudieron fabricar armas rudimentarias dentro del centro de reclusión.
Parece que las pandillas ejercen un preocupante control sobre parte del complejo penitenciario La Joya y La Joyita, evidentemente, con la complicidad de custodios y otro personal que labora en estos penales.
Los motines y el uso de armas de fuego por parte de los detenidos se repiten de forma recurrente y todavía nadie ha podido ponerle fin a esta peligrosa situación.
La ministra de Gobierno, Roxana Méndez, confesó ayer con cierto tono de impotencia que la seguridad en las cárceles “es un dolor de cabeza grande”.
La opinión pública no quiere escuchar esto de la persona que, precisamente, tiene la obligación de ponerle fin a la inseguridad que existe en las cárceles y que, evidentemente se traslada extramuros.
La situación se está convirtiendo en un verdadero infierno, partiendo del hecho de que, como asegura la ministra, el 90% de los reos tiene vínculos con pandillas.
Sí, la inseguridad en los penales es un dolor de cabeza, pero para controlar este problema, el Estado destina anualmente millones de dólares de los impuestos de los contribuyentes.
El problema no radica solo en la falta de recursos ni equipos, es más bien por la carencia de honestidad y transparencia de algunos funcionarios y custodios vinculados directamente con el tema.
Los panameños podemos desgastarnos invirtiendo millones de dólares en el sistema penitenciario, pero si no hay voluntad de parte de las personas que tratan a diario la crisis, poco o nada se puede resolver.
Las autoridades no pueden permitir que el cáncer de la corrupción siga creciendo en las cárceles. Este no es un tema aislado, la seguridad misma de la sociedad panameña está en juego.
