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Un ejemplo de transformación educativa


Ricardo A. González Chan (opinion@epasa.com) / Escritor y Consultor Independiente.

El pasado 4 de enero escribí en esta misma columna un artículo titulado: El Avance Educativo es la Meta para el Progreso del País. En él exponía un ejemplo de los logros que la transformación curricular está dando en áreas rurales de Panamá; tal es el caso del colegio Candelario Ovalle (San Miguel Centro-Penonomé, Coclé). Durante varios días recibí email, comentarios a mi cuenta de Facebook y demás redes sociales acerca de cómo en realidad es la vida en este centro educativo y por qué lo ponía de ejemplo. Debido a esas interrogantes quiero despejarlas a todos estos lectores del diario Panamá América.

Debo iniciar describiendo que hace exactamente 10 años era casi imposible convertirse en profesionales en estas áreas por la falta de oportunidades y por las limitaciones económicas. Pero lo cierto es que muchos estudiantes tenían la esperanza de llegar a superarse algún día, o que sus hijos e hijas pudieran ser educadores, médicos, ingenieros. A su vez se debía transitar por caminos llenos de lodo, cruzando quebradas y bajo la lluvia, muchas veces hasta más de dos horas, eran las dificultades que a diario debían vivir. La tasa de analfabetismo, según un informe del ACP (2003) en la región era de 9.5%, lo que significaba que de cada 100 personas mayores de 10 años, casi 10 no sabían leer. Estas cifras se han transformado totalmente. Ahora está en 3.7%.

El pasado 19 de diciembre en este centro educativo Candelario Ovalle se graduaron los primeros 45 estudiantes; una madre de familia muy emocionada, llamada María, con lágrimas en los ojos declaró, al ver a su hijo graduado y que pudiera continuar sus estudios superiores, que era una de las cosas más maravillosas que le han ocurrido. Más aún que viajaría al extranjero, ya que por experiencia saben que estudiar en el campo no es fácil. En dicho acto se observaba la gratitud moral que los padres y madres de familia y los mismos estudiantes expresaban a quien algunos años tuvo la visión y pusiera en práctica esta oportunidad, el docente Andrés Pacheco, de quien debo constatar que él pudo haberse trasladado de esa área rural hace algunos años y dejar este proyecto para irse a la ciudad urbana de Penonomé. Pero no lo hizo; más valió su compromiso de voluntad educativa moral que su comodidad personal. Ya que la esperanza de muchos jóvenes del mañana estaba en sus manos, así que prefirió quedarse y terminar satisfactoriamente lo que inició como un sueño y que gracias al Meduca y a la ministra Lucy Molinar y al nuevo sistema de transformación curricular este logro se obtuvo y que seguirá de aquí en adelante.

De una escuela rancho, sin implementos, y sin luz eléctrica, actualmente el plantel educativo cuenta con computadoras e internet a través de paneles solares, un plan piloto que ha dado excelentes resultados y es copiado por otros centros escolares. Según el profesor Andrés Pacheco, logró cumplir su cometido y que solo queda que la comunidad educativa (padres de familia, estudiantes, docentes y comunidad), hagan y sigan adelante este paso enorme para esta área montañosa; y que tiene mucho que ofrecer, pues hay estudiantes que están dispuestos a seguir luchando por sus familias, comunidad y plantel.

El colegio Candelario Ovalle ha implementado la transformación curricular y debido a esto sus mismos estudiantes dicen que gracias a esto, ellos poseen la tecnología. Cuentan con adecuados laboratorios de ciencias de última generación que les permiten un mejor desarrollo. Y fiel ejemplo de su éxito es que en 2011 un estudiante, Julio Ovalle, obtuvo el tercer lugar del concurso de telescopio a nivel nacional, que fue una experiencia muy buena y enriquecedora y da testimonio de que invertir en la educación vale la pena. Sus instalaciones son modernas y sus aulas son equivalentes a las de los centros educativos del área urbana. Demostrando que muchos jóvenes de estas áreas en algunos años lograrán ser excelentes profesionales. Inclusive algunos regresarán del extranjero (Japón, Europa); algo jamás visto en estas comunidades apartadas.

Vale la pena recalcar el valor del compromiso de docentes como el profesor Andrés Pacheco, que tienen esa gran visión de un mejor mañana para los jóvenes estudiantes panameños que tanto lo necesitan; y más si son del campo. Invirtamos más en la educación que es nuestra meta segura al progreso. Solo debemos ver los resultados. Espero haber contestado a las interrogantes de ustedes lectores.

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Viernes 14 de agosto de 2026