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Un encuentro con “El Cantante”


Eric Carrión (opinion@epasa.com) / Magíster en Administración de Empresas (MBA).

Al cierre de la década de los 70, viajaba desde Panamá a Puerto Rico mi amigo Pancho, químico de profesión, con mucha experiencia, además de farmacéutico, cuya especialización en su carrera de química era bromatología, lo cual tiene que ver con alimentos; esto incluía el tratamiento del ron de caña, por lo que el propósito del viaje era -para la empresa donde laboraba- aumentar el cúmulo de conocimientos, y así poder mejorar la preparación del ron para superar a los de la competencia; dirigiéndose a la muy turística Isla del Encanto, donde parte de su gran fama también se derivaba por los rones que exporta, así como por la música de salsa, sin olvidar lo típicamente básico que recalcan y más les enorgullece a los puertorriqueños: la Bomba y la Plena.

En el avión, próximo a la ventanilla, muy gustosamente se distraía con los encantadores paisajes que le hacían disfrutar del viaje, aunque rápidamente y de manera inevitable se les perdían de su vista, claro está que esto no sucedía cuando pasaba por grandes extensiones de tranquilas aguas del mar Caribe. Pero su compañero de asiento, quien parecía que necesitaba conversar con alguien, le interrumpía su deleite con las curiosas preguntas del siguiente tono: “Oiga amigo, ¿usted es panameño, verdad?”– “Sí señor… y orgullosamente”, contestó sonriente mi amigo Pancho. ¿Y a usted le gusta la música de salsa? –“Claro que sí, y bastante”. ¿Tiene orquestas o intérpretes preferidos que le interesen más que otros? “Sí… por ejemplo, Héctor Lavoe, es uno de mis favoritos. Generalmente algunos fines de semana escucho en casa los LP cuando cantaba en la orquesta de Willie Colón y cuando se independizó de él”.

El caballero, no disimulando lo agradado que estaba al escuchar las respuestas, sonriente y con grandes anteojos oscuros que llevaba, por la moda de la época, sintió que ya era el momento de finalizar el interrogatorio, y optó por presentarse, aunque refiriéndose, orgullosamente, a su nacionalidad primero. “Bueno señor, yo soy puertorriqueño y mi nombre…”. “¡Ah! Entonces debe conocer a Héctor Lavoe”, le interrumpió Pancho. El caballero con una gran sonrisa le contesta: “Claro que lo conozco… es que yo soy Héctor Lavoe”. Pero percibiendo este que el panameño no parecía convencido, como quien piensa que le están tomando el pelo, entonces decidió quitarse los anteojos, y dicha acción fue todo para que el istmeño, con la espalda casi completamente pegada a la ventanilla, quedara deslumbrado. Y aunque fue tal la sorpresa, pudo reconocer que verdaderamente era el tan afamado vocalista. Sensaciones encontradas le vinieron: sorpresa, admiración, pena… por no haberlo reconocido antes; en fin, me parece que habría que estar en lugar de Pancho para poder imaginarse qué otras cosas pudo sentir en ese instante. Finalmente, nuestro compatriota reventó en carcajadas, demostrando así su nerviosismo por enfrentar dicha situación tan inesperada, y no con cualquier artista a quien se le admiraba tanto por sus éxitos musicales, sino que quien se encontraba precisamente al lado suyo es, aún hoy en día, uno de los exponentes mayormente reconocidos de la música afrocaribeña de su época.

Ese fue el inicio de una placentera, aunque ocasional y corta amistad, mientras Pancho estuvo en la Isla pasando el curso. A la postre, Don Héctor lo invitó a una presentación que tuvo este último con el maestro, no menos conocido, Willie Colón, en un lugar que no comentó, en la cual le convidaron a escoger una interpretación de su preferencia, con la que “El Cantante” pensaba complacerlo. Y como panameño con buen gusto por los éxitos musicales, supo escoger muy bien: “La Murga de Panamá”.

Moraleja: Generalmente la mayor parte de los seres humanos somos seguidores de la costumbre o de elementos que representan nuestros ambientes, ya que estando en lugares ajenos a nosotros siempre nos emocionaremos trayendo lo que nos es familiar, especialmente, cuando estamos fuera del terruño, que es cuando más llevamos a Panamá en nuestro pecho.

Magíster en Administración de Empresas (MBA).