Un escenario social pútrido
Desde un principio, muchas personas dijeron que los partidos de la “alianza por el cambio” no debían unirse para las elecciones de 2009.
Dos años después, de incertidumbres, diferencias, intereses creados, chismes, escándalos y conflictos, terminó la alianza. Al parecer, con el transcurrir del tiempo, hay que reconocer que estos analistas tenían razón.
Sin embargo, queda por aclarar si el segundo de la alianza quiera seguir siendo el vicepresidente, porque si “fuese habilitado" como presidente encargado, se puede frustrar su aspiración presidencial del 2014 y del 2019, sin mencionar que si él no quiere asumir esta responsabilidad requerirá que la Asamblea Nacional de Diputados, hoy controlada por el CD, le apruebe su renuncia como vicepresidente.
La situación actual y el desgaste natural del gobierno pone al CD en el punto de poder perder las próximas elecciones, porque muchos de los electores que les hicieron ganar son de “razonamiento libre”, lo que dejaría por el primer lugar, en el ruedo presidencial, al PRD y al Partido Panameñista, con o sin segunda vuelta electoral.
Frente a estos hechos, que es nota característica del contexto del sistema político, partidista y electoral panameño, surge la interrogante sobre la clase de personas, moral y espiritualmente hablando, que somos los electores panameños, máxime si hacemos el análisis desde el punto de vista de las ciencias conductuales y morales, entiéndase Ciencias Políticas, Ética, Sicología y Siquiatría, siendo esta mención enunciativa y no limitativa.
Reitero, me resisto a entender “por qué” y “hasta cuándo” los electores votarán por y apoyarán las distintas propuestas de gobierno solo en base a “regalos, parrandas, francachelas, promesas y circo” y no con base en “valores, propuestas, virtudes y ejecutorias”.
Solo puedo llegar a la conclusión que los políticos y las clases de poder no respetan al pueblo panameño, y en gran medida se debe a que este pueblo no se ha dado a respetar porque no se respeta a sí mismo, o más bien, no sabe ni entiende el significado y alcance de la palabra “respeto”. ¿Quién se lo enseñará o cuándo lo aprenderá?
Al margen de estas diferencias, que son causa y efecto de un escenario social pútrido, por los antivalores que subsumen al país, es necesario afirmar, una vez más, que necesitamos o merecemos un nuevo estilo de política y de gobierno, que no nos pueden brindar aquellos que no han experimentado una conversión espiritual, intelectual, mental y moral.
Abogado y locutor
