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Un fenómeno monetario en busca de una explicación


Juan Jované (opinion@epasa.com) / Economista

Entre los diversos fenómenos monetarios observados en la evolución reciente de la economía panameña existe uno que, dada su importancia y posible significado, merece una especial atención. Este se refiere al hecho de que si se establece la relación entre la masa monetaria circulante en el país, medida como la suma del efectivo en manos del público y los saldos en cuenta corriente, con el producto interno bruto corriente (PIB), se llega a la conclusión de que por cada unidad de producto en el año 2004 circulaban $0.125; mientras que en el 2011 este indicador llegó a ser 59.6% superior, alcanzando a $0.199. En términos de la velocidad anual de circulación del dinero, en contraste con la profundización financiera observada, esta se redujo de 8.0 a tan solo 5.0. ¿Por qué usamos cada vez más dinero para mover la misma unidad de producto?

Estamos frente a un hecho que no tiene una explicación fácil. Desde el punto de vista de la doctrina monetarista, sería un fenómeno prácticamente insólito, ya que una de sus hipótesis centrales propone que debe existir una significativa estabilidad en la relación demanda monetaria – PIB. “El teórico cuantitativista –dice Milton Friedman– acepta la hipótesis empírica de que la demanda por dinero es muy estable, más que otras funciones, como la de consumo, que se presentan como alternativas”.

En términos de la opción keynesiana se observaría, en primer lugar, que el aparente incremento en la demanda monetaria más allá del crecimiento del PIB no puede explicarse, al menos en principio, por cambios drásticos en las instituciones que rigen los tiempos que separan los ingresos y los desembolsos, tanto para los negocios como las familias.

Tampoco parece existir razón alguna para pensar que el importante cambio que venimos discutiendo se pueda explicar por un repentino incremento en el motivo precaución de los agentes económicos.

Desde el punto de vista de Keynes queda, sin embargo, lo que él mismo llamó el motivo especulación, de acuerdo al cual una parte de la demanda por dinero depende de la tasa de interés, de manera que la misma se incrementa cuando esta última tasa se reduce en términos reales. Con el fin de probar, dada la actual política de la Reserva Federal, la posibilidad de que el fenómeno se pudiera explicar por las notables reducciones observadas en la tasa de interés real, se calculó el coeficiente de determinación entre la relación masa monetaria – PIB y la tasa de interés real.

El resultado fue que este coeficiente de determinación alcanzó a tan solo 0.25, lo que significa que las variaciones en la tasa de interés real solo pueden explicar 25.0% de la variación de la relación masa monetaria – PIB durante el periodo 2002 - 2011. Peor aún, no fue posible demostrar que el coeficiente que vincula en el análisis de regresión a estas dos variables es distinto de cero a un nivel de significación del 5%. Seguimos, entonces, careciendo de una explicación.

Otra posible explicación, muy utilizada en diversos países en que se ha observado este fenómeno, es que el incremento relativo de la masa monetaria, más allá de la tasa de crecimiento del PIB, es expresión de lo que se denominan actividades económicas subterráneas; es decir, actividades económicas que utilizan circulante pero que, por diversos motivos, no son ni cuantificadas ni registradas en las estadísticas oficiales. Se trata de una razón que debe explorarse con el fin de aclarar el fenómeno bajo estudio.

Algunos autores apuntan a la hipótesis de que la parte no explicada de la masa monetaria está relacionada con el crecimiento de la informalidad. De acuerdo a estos, los agentes productivos informales, con el fin de evitar impuestos, ocultan sus verdaderos niveles de producción. Esta explicación no parece ser útil para el caso de Panamá, habida cuenta que, de acuerdo al Inec, el porcentaje de ocupados no agrícolas en condiciones de informalidad se redujo del 46.9% en el 2004 al 36.9% en el 2011.

Teniendo en cuenta esto último, quedaría la posibilidad de apuntar hacia otras formas de economía oculta, tales como la evasión fiscal masiva de las empresas formales y la presencia de actividades ilícitas, entre las que el lavado de dinero y la corrupción no serían una excepción. ¿Es esta nuestra realidad? Es obligación de las autoridades nacionales, principalmente del ministro de Economía y Finanzas y las autoridades monetarias, darnos una explicación a todos y todas en torno al fenómeno del aparente exceso de liquidez observado en la economía. La respuesta es urgente.

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Viernes 14 de agosto de 2026