Un genuino reconocimiento
El pueblo sabe reconocer a sus hijos meritorios. Es un instinto natural, espontáneo, que no acepta distorsiones. La despedida que le dispensó ayer el pueblo panameño al ex vicepresidente de la República, Guillermo Ford, es una prueba de ello.
Lo único que estaba previamente preparado fue el funeral de Estado en la Catedral Metropolitana y el recorrido hasta donde será la última morada de “Billy”. Las demás muestras de cariño y admiración fueron espontáneas, genuinas, provenientes del corazón de la gente que reconoce los riesgos que corrió Ford, al igual que otros muchos panameños, cuando decidió desafiar al tirano Manuel Antonio Noriega para restablecer la democracia.
El legado que nos dejaron valientes panameños como Ford debe prevalecer en la historia. Mucho costó recuperar la anhelada libertad. Garantizar que nunca se repitan los oprobiosos días de la dictadura militar es deber de todos, empezando por los mismos políticos.
