Un gobierno con altas exigencias
El próximo jueves, 1 de julio, se cumple el primer aniversario del Gobierno del Presidente Ricardo Martinelli, y es natural que crezca el interés por evaluar su gestión, así como la situación general del país. Como en todo orden, los criterios de calificación pueden ser varios y distintos. Las últimas encuestas de opinión pública aportaron algunos elementos de juicio al respecto. De esa lógica salen juicios cuantitativos de preferencia: el porcentaje de cumplimiento de las promesas electorales, avance de macro-proyectos (el metro), índices de popularidad, imagen de liderazgo y conducción, etc. Los resultados son categóricos: aproximadamente el 60% favorecen la gestión del Gobierno, lo cual es un dato revelador del pulso de la sociedad panameña. Las variables evaluadas son las que han predominado en la agenda mediática, que, por cierto, no cubre todos los factores y hechos que hablan de la calidad de un Gobierno ni de su política.
Una clara mayoría se identifica con el rumbo que lleva Panamá como consecuencia de la conducción del actual Gobierno, aunque también muestra una actitud crítica hacia la forma en que actúan las fuerzas gobernantes. No es fácil el primer año. No eran pocos los prejuicios respecto del liderazgo del Presidente Martinelli. Con todo, hasta ahora, el balance es satisfactorio y las perspectivas de Panamá siguen siendo sólidas. Ello no implica perdonar las deficiencias o cerrarse a las críticas fundadas. El Gobierno superó la etapa de rodaje y es deseable que no muestre vacilaciones sobre la hoja de ruta. Debe sostener el rumbo respecto de las iniciativas centrales --crecimiento económico, asistencia social, mejoramiento de la educación y de la salud, bajar los índices de delincuencia, agenda de consulta y transparencia-- y ajustar los equipos si es necesario, les guste o no a los partidos.
La oposición no ha conseguido capitalizar los errores de la alianza por el cambio, incluidos los casos de fallas administrativas. Ello se explica por la desconfianza que sigue provocando el estilo negativo y sectario que ha predominado en la oposición debido a su ansiedad por volver triunfalmente al Palacio de las Garzas. Ninguna fuerza tiene despejado el camino, pero es evidente que la mayoría ciudadana no simpatiza con quienes expresan una línea obstruccionista u oportunista, como la mostrada por la oposición a propósito de la situación de inseguridad ciudadana. ¡En Panamá hoy, las posiciones demagógicas suelen volverse en contra de sus instigadores!
Independientemente de que algunos analistas no se cansen de anunciar catástrofes, el Presidente Martinelli ha mostrado habilidad y determinación para asimilar las enseñanzas que le dejó el primer año. No faltarán los problemas en los años subsiguientes, pero ya vivió el bautismo de fuego y ahora puede incluso sacar ventaja de su sintonía con el sentir de la mayoría.
