Un gran acontecimiento
Un día como hoy, hace 2013 años, sucedió el acontecimiento más grandioso de la historia: el nacimiento de un niño judío que luego fundó la religión católica y que ha perdurado hasta ahora con una gran mayoría de adeptos. Conociendo lo que tuvieron que sufrir aquellos iniciadores, hasta la persecución y la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, tenemos que sentirnos orgullosos de ellos, para lograr que existamos luego de tantos años y tantas otras religiones, algunas ya existentes y otras formadas posteriormente. Sin embargo, estas últimas han podido subsistir gracias, tal vez, a algunos errores que hemos cometido a través de los años y que nos ha hecho perder a mucha de nuestra gente.
A pesar de esos errores cometidos por nuestros jefes, hemos tenido en los últimos años un revolucionario de la Iglesia como lo fue Juan XXIII quien fuera el primer papa no aristocrático que tuviera la Iglesia católica y que, en su corto periodo de papado, inició una serie de grandes modificaciones e innovaciones a las costumbres de nuestra religión, que permitieron una mayor participación de los feligreses en el desarrollo de las liturgias.
Tal vez, de haber vivido más, esas innovaciones hubieran sido tan grandes, que hoy el catolicismo no sería ni sombra de lo que encontró el papa Francisco. Todo cambia, todo se moderniza, todo se modifica de acuerdo a como aparecen los adelantos del mundo y nosotros tenemos que ir con ellos.
PARA MÍ... TODAVÍA ES UN BELLO RECUERDO CUANDO HABLÁBAMOS DEL NIÑO DIOS Y NO DE SANTA CLAUS, CUANDO LO VENERÁBAMOS CON SUS VILLANCICOS Y SIN TANTO CONSUMISMO. PERO NO PUEDO LOGRAR QUE MIS NIETAS HABLEN DE ÉL PORQUE NO LO CONOCIERON; PORQUE ELLAS Y TODOS LOS NIÑOS Y JÓVENES VIVEN EN ESTA ÉPOCA EN LA QUE HABLAR DEL NIÑO DIOS SOLO SE NOS PERMITE A LAS PERSONAS DE EDAD,
Cuando no solo las religiones, sino todo en la vida se estanca y permanece inmóvil, apegado a las antiguas costumbres, que permiten que los pensamientos, los sentimientos y nuestra manera de actuar se quede en el siglo pasado cuando ni la electricidad se había inventado, los teléfonos y menos los medios de comunicación modernos existían y nuestras costumbres eran retrógradas, miradas desde el punto de vista de hoy nos llevan al fracaso.
Nuestro Niño Dios, porque para mí sigue siendo quien me traía los regalitos y quien había nacido en el pesebre, debe sentirse satisfecho de los adelantos modernos que nuestro actual papa Francisco está llevando a cabo para reafirmar nuestras creencias y darle a nuestra madre Iglesia más credibilidad consiguiendo que más personas pensemos en ella como una institución que marcha adelante, a la par de lo que marcha el mundo.
Para mí, que viví en el siglo pasado y que he tenido la suerte de “pescar” el siglo actual, todavía es un bello recuerdo cuando hablábamos del Niño Dios y no de Santa Claus, como explicaba el miércoles pasado; cuando lo venerábamos con sus villancicos y sin tanto consumismo. Pero no puedo lograr que mis nietas hablen de él porque no lo conocieron y no estaba en mí hacérselos conocer; porque ellas y todos los niños y jóvenes viven en esta época en la que hablar del Niño Dios solo se nos permite a las personas de edad, pero no a ellos que quedarían rezagados en las costumbres y en decir que la influencia norteamericana nos ha hecho cambiar el nombre de quien nos trae las cosas y de que se nos vaya la mano con las compras y las dádivas a nuestros hijos porque los comerciantes tienen que vivir y vender todos sus productos a costa de nuestros ahorros.
Como también dije el miércoles anterior, nuestro Niño Dios o el Santa actual prefieren más amor, más comprensión y más apoyo porque con estas tres cosas formaremos mejor a nuestros hijos y nietos. Más enseñanzas de lo que es nuestra religión, nuestros valores, nuestras costumbres bonitas y no amañadas, traerán a esa niñez y esa juventud una idea más clara de lo bueno y positivo de la vida.
En este nuevo cumpleaños de nuestro Niño Dios, quiero decirles a mis lectores que estoy feliz de lo que he recibido de él durante este último año porque me ha dado amor de mis hijos, mis nietas, mi familia, mis amigos y de una cantidad de personas que me lo demuestran a través de los días en que, accidentalmente me las encuentro en mi camino.
Nada hay como sentirse querido, amado y comprendido por los de uno y eso nos acerca más a Dios en todo momento porque nada hay como el amor, como uno de los más grandes valores en la vida.