Un gran desafío para el presidente electo
Promover e impulsar cambios en la educación panameña para su mejoramiento ha sido la tarea permanente de todos los gobiernos que se han sucedido desde 1994. Sin embargo, la percepción generalizada hasta hace muy poco, y confirmada luego de estudios nacionales realizados dentro del sistema educativo nacional, es que no hemos avanzado en más de 10 años. Por esto, el cambio educativo será un gran desafío que tendrá que llevar adelante nuestro nuevo presidente, para responder a las demandas de sus beneficiarios y de la sociedad.
Después de observar cuidadosamente el accionar del actual Meduca (Ministerio de Educación) con los recientes hechos ante el paro de docentes, esta institución tendrá la imperiosa obligación de aprender a adaptarse al mundo cambiante en el que se encuentra y desarrollar algunas capacidades fundamentales para lograrlo. Desde la teoría educativa, en lo que plantea Miranda (2002:5) como cualidades necesarias para las instituciones educativas, nuestro Meduca tendrá que aprender a ser: permeable, porque solo si está abierto al aprendizaje y a la mejora, evitará la rutina institucional que evidencia; flexible, porque tendrá que ser capaz de adaptarse a nuevos requerimientos y demandas para manejar conflictos y realidades;creativo, para que sea capaz de idear respuestas y soluciones innovadoras a sus necesidades y problemas.
(1) (2) (3)El nuevo presidente tendrá como gran desafío, al menos, lograr que una tercera parte de los estudiantes de 15 años demuestre con la herramienta que Pisa (prueba que mide conocimientos y habilidades en los estudiantes) nos da para 2018 que son capaces de alcanzar el primer nivel esperado, luego de completar un nivel básico de educación.
Para plantearse ese reto deberá ser consciente de que en la pasada prueba Pisa 2009 esa muestra nacional se ubicó por debajo del nivel mínimo esperado. Deberá considerar como prioridad que se trabaje en estrategias para que la niñez del país desarrolle las competencias lingüísticas y matemáticas necesarias, no por obtener logros en Pisa, sino por las expectativas que la sociedad y los padres panameños tienen con respecto al aprendizaje de sus hijos; porque esas estrategias se traducen en su capacidad para competir y triunfar en su futuro.
El nuevo presidente tendrá que dejar claro a su ministro o ministra de Educación que deberá concitar a todos los grupos docentes para responder al reto de establecer nuevos estándares. Y es que sin ellos no se puede conseguir que la innovación se imponga. Ellos saben que nuestro país no tiene definidos los indicadores que aseguren alcanzar la calidad, pero estoy segura de que saben que se necesita mejorar y que están dispuestos a hacerlo. Hoy, con un nuevo estatus salarial, puede el educador empoderarse del nuevo rol que le corresponderá como líder de verdaderos cambios hacia la calidad.
Tendrá la nueva autoridad en “Cárdenas” que rescatar o crear un moderno sistema de mediciones nacionales que deje ver cómo se avanza o por dónde hay que mejorar. Ese sistema debe buscar una forma de hacer públicos los resultados de esas mediciones y demostrar capacidad para emplearlos. No puede ignorarse la información que existe sobre el impacto de las reformas y transformaciones curriculares de los últimos diez años, ni tampoco desaprovechar el conocimiento comparado de los fenómenos educativos que surgen de la investigación nacional o internacional para enfrentar su lucha contra el fracaso escolar en los centros de enseñanza.
Será imperioso que se establezcan nuevas condiciones para el servicio de supervisión o inspección escolar. Y deberá hacerse conociendo las reglas que se siguieron en el concurso de supervisión que lleva en estos momentos adelante el Meduca, sin considerar que vendrán nuevas autoridades.
Por último, será indispensable que se plantee, desde el principio, la forma como dará seguimiento a la implementación de sus políticas, porque solo con la valoración científica de las acciones emprendidas podrá ajustar o reforzar dichas implementaciones, a medida que las vaya desarrollando. Y esto solo podrá lograrlo con una “escucha activa”, en un proceso dinámico que permita a todos los involucrados opinar, debatir y disentir.
Estoy convencida de que nuestro nuevo presidente es consciente de que la educación requiere una inversión suficiente para responder al nuevo salario de los educadores y su verdadero desarrollo profesional. No puedo dejar de mencionar otros aspectos como el número de alumnos por aula en las zonas educativas sobrepobladas o en aquellas regiones más deprimidas, el carácter multigrado de algunas escuelas donde la población es baja, el complemento alimentario o el apoyo extraescolar acompañado. Tenemos esperanzas en un real cambio y mejora de la educación nacional.