default

Un gran hombre

Por: Redacción 06/08/2014

Próximo a cumplir los 90 años de edad, don Adimael Anria Achurra falleció el pasado 10 de julio en Pocrí de Los Santos, a causa de un largo quebranto de salud, mientras se encontraba en su residencia, rodeado del amor que siempre le prodigaban sus hijas.

Dentro de su dolorosa enfermedad que soportó con estoicismo, siempre afloró en sus labios la conversación humorística, la palabra afable para los suyos y la fraternidad para con sus coterráneos. Se distinguió por ser un buen esposo y buen padre de familia y sintió como un derrumbe espiritual cuando su esposa, compañera de toda su vida, Magdalena de Anria, se ausentó para siempre del mundo terrenal, y se hizo presente en su ánimo junto a sus padecimientos físicos, un enorme desgarramiento.

Fue Adimael desde muy joven amante de ganarse el pan con el sudor de su frente, y por eso se desempeñó en distintos oficios, entre ellos de miembro de la Policía Nacional y cuando por voluntad propia, se decidió a desempeñarse en otras funciones y como era hombre de sostenida lectura, las autoridades de Pocrí fijaron en él su atención y lo consideraron apto para ser nombrado como personero, cargo que desempeñó por algunos años y, a pesar de que su capacidad jurídica era empírica, no tardaron en nombrarlo juez municipal, y en todos ellos actuó con probidad administrativa. Por todo esto es de suponerse que Adimael, si otra hubiera sido su suerte con mejores oportunidades, habría sido un buen abogado y quién sabe si hubiera ascendido a cargos de mayor jerarquía dentro del Órgano Judicial o Ministerio Público.

Adimael Anria ha cerrado sus ojos para siempre cuando su Pocrí querido da signos de mayor progreso con el apoyo de sus mejores hijos, tal como el parque Santo Tomás de Villanueva recientemente construido, que es atractivo de propios y extraños, especialmente de turistas que toman vistas hasta el despilfarro, curiosos por su bella construcción.

Cuenta con un nuevo cuartel de Policía, ubicado en un punto estratégico, justamente a la entrada del poblado con un semblante amistoso, pero rigurosamente firme para hacer valer su autoridad, pero pocos casos se dan de riñas, aún en tiempos festivos, ya que sus habitantes desde el punto de vista histórico lo pintan por ser pacífico, en que la mayoría entre sí tienen algún parentesco, por lo que más bien se trata de toda una gran familia.

Expreso mi profundo pesar a sus hijas, Isis, Eyra, Iris y Magdalena, mirando su tumba con los ojos tenuemente húmedos, lamentando su eterna partida. Que descanse en paz.

Edición Impresa

Viernes 7 de agosto de 2026