Un hijo que terminará mal
Monseñor Emiliani, soy una madre desesperada. No sé qué hacer con mi hijo de 15 años. Ya comienza a andar con unas malas amistades que yo sé que están fumando marihuana y quizá consumiendo “la piedra”.
Él está raro últimamente y se encierra en su cuarto por horas y sale y vuelve tarde en la noche. No puedo con él. Cuando se le dice algo se pone “histérico”, levanta la voz y los vecinos escuchan sus vulgaridades. No respeta ni a su abuela, con quien se llevaba tan bien cuando era niño. Hasta su forma de vestir ha cambiado, pues usa unos pantalones anchos y el peinado es el de esos muchachos que se ponen brillantina y se levantan el pelo. Lo único que escucha es música reguetón y hace señales raras con los dedos.
HAY QUE HACERLE VER QUE LO QUE HOY “ES BUENO” PARA ELLOS SERÁ A LA LARGA UNA PESADILLA, UN CAMINO INFERNAL. PONERLES EL EJEMPLO DE OTROS JÓVENES QUE HAN...
Lo vienen a buscar y se lo llevan supuestamente a jugar fútbol; pero qué va, yo ya he sabido que se reúnen cerca de una gasolinera a fumar esa droga. Ya han tenido peleas con otros muchachos y usan palos y cuchillos.
A uno de los otros chicos lo hirieron y lo llevaron al hospital. La mamá vino a reclamarme a mí, y no sé mucho; pero por los informes, mi hijo fue uno de los que empezó la pelea. Se está haciendo violento y ya comienza a tener fama en el barrio de ser un muchacho problema.
Soy madre soltera y trabajo para mantenerlo a él y a mi mamá. Quizá no le di la mejor educación, ya que por mi trabajo tengo que estar todo el día fuera de casa.
ÉL SABE QUE LO QUE HACE NO ES LO CORRECTO; SIN EMBARGO, LO MORAL ESTÁ POR DEBAJO DE LO QUE LO HACE SENTIR BIEN. POR ESO HAY QUE HACERLE VER QUE LO QUE HOY...
Mi madre me ha ayudado en todo lo que ha podido, pero su mentalidad es muy conservadora y ella y mi hijo han tenido fuertes discusiones: él le ha faltado al respeto. Qué lástima, porque antes se llevaban tan bien. Qué hago, monseñor. Yo sola no puedo con ese niño.
Estimada señora, su problema es difícil de enfrentar, ya que está tratando con un adolescente que empieza a descubrir la vida emocionante y placentera con amigos que actúan con violencia y se hacen respetar. Él se está haciendo “dueño” de su existencia y está convencido de que lo que vive es lo válido.
Se unen en su experiencia las emociones intensas producto del riesgo, las amistades que llenan sus vacíos, el sentirse que él ya puede decidir y el ver que ya es “alguien” en el barrio, porque se le teme y se le toma en cuenta, aunque sea como un “rebelde”.
El consumir drogas le hace vivir en un mundo de fantasía que además le quita el miedo. Él prefiere todo eso a ser el típico y común hijo bien portado que va a la escuela y saca buenas notas.
A esto no le encuentra “emoción” y lo ve aburrido. Y claro, el vivir con dos mujeres, su madre y abuela, para él es algo que no le motiva ni entusiasma.
Sus amigos le hacen creerse importante y le gusta sentirse “autónomo”, pero se está poniendo en peligro, ya que cualquier día le van a hacer un daño. Está perdiendo tiempo valioso de su vida y estropeando su cerebro, él sabe que lo que hace no es lo correcto; sin embargo, lo moral está por debajo de lo que lo hace sentir bien.
Por eso hay que hacerle ver que lo que hoy “es bueno” para ellos será a la larga una pesadilla, un camino infernal. Ponerles el ejemplo de otros jóvenes que han acabado mal, vagabundos, locos, presos o muertos. Tenerle paciencia y tratarlo con cariño y autoridad.
EL CONSUMIR DROGAS LE HACE VIVIR EN UN MUNDO DE FANTASÍA QUE ADEMÁS LE QUITA EL MIEDO. Él PREFIERE TODO ESO A SER EL TÍPICO Y COMÚN HIJO BIEN PORTADO...
Pedir a jóvenes de la parroquia que pertenezcan a grupos de ayuda, que se le acerquen y le hablen. Motivarlo para que asista a charlas, predicaciones, eventos espirituales, aunque sabemos que pondrá resistencia. Pedir a algún adulto de su familia, tío, abuelo, primo, que le hable de hombre a hombre y le haga ver la realidad.