Un indicador de progreso
José M. Borace Z. /Economista y docente universitario
En los Talleres Multidisciplinarios de Trabajo Social y Realidad Nacional de la Escuela de Trabajo Social de la Facultad de Administración Pública de la Universidad de Panamá, se abordan temas sobre el desarrollo de país. En ese sentido, se vio el Paradigma del Desarrollo Humano de Mahbub ul Haq.
El modelo de desarrollo como crecimiento de la homónima escuela se basa fundamentalmente en las tasas de crecimiento económico del producto interno bruto (PIB), definido como la cantidad de bienes y servicios producidos por un país, según la periodicidad utilizada: mes, bimestre, trimestre, semestre o año.
En cambio, el desarrollo humano incluye el aspecto cuantitativo del crecimiento del PIB, señalado con antelación, como una condición “sine qua non” y “necesaria, mas no suficiente” del desarrollo y otros aspectos más allá de la economía.
El desarrollo, por ende, va mucho más allá del crecimiento económico, incluyendo además las siguientes opciones humanas: mayor educación, mejor salud, mayor libertad política, mayor participación, mayor ocio y mejor medioambiente.
Puede haber crecimiento económico, como es el caso panameño en los últimos años. Sin embargo, este se concentra solamente en algunas actividades económicas, sobre todo aquellas vinculadas con el sector externo de la economía: el Canal de Panamá, el Centro Bancario Internacional, los puertos internacionales, entre otros. Por tanto, el ingreso no se distribuye equitativamente: unos pocos logran mucho, mientras que otros muchos logran muy poco. En consecuencia, no hay desarrollo.
El neoparadigma del desarrollo humano no da por descontado la vinculación automática entre crecimiento del ingreso y la mayor amplitud de las opciones humanas. Para ello, se requiere de políticas públicas y dentro de estas, las sociales (educación, salud, vivienda y seguridad) instrumentalizadas a través de los gastos públicos inherentes; de política económica, en especial, la fiscal, que redistribuye ingresos con impuestos más progresivos (más directos que indirectos); reforma agraria que redistribuya la tierra. Créditos a los pequeños y medianos productores, en especial a las mujeres, y la igualdad de oportunidades.
El centro de preocupación del modelo holístico analizado se traslada del mercado (economía descentralizada o libre empresa) y del Estado (economías de planificación centralizada) a las personas, a la ampliación, formación y uso de las opciones humanas. Así, como antes el crecimiento se veía a través del incremento porcentual del producto interno bruto (PIB) o el PIB per cápita, ahora el desarrollo se analiza, desde 1990, a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) por el Índice de Desarrollo Humano (IDH): de un indicador cuantitativo a uno más cualitativo.