Un infierno de matrimonio
Estimado monseñor. Llevo de casada 18 años y ya no soporto a mi marido. Ya estoy cansada, harta, de tanto grito y de regaños. Nada de lo que yo hago está bien. Siempre encuentra un motivo para decirme que esto está mal, que aquello no quedó bien. Incluso se mete en la cocina y opina sobre cómo hacer la carne y una vez tuvo la osadía de arrebatarme en una cena el cuchillo y cortar el jamón a su estilo. Me dijo públicamente que debería darme pena no saber cortar el jamón y que eso era algo elemental. Otra vez también, ante un grupo de amigos, me dijo que no sabía vestirme de manera atractiva y que diera gracias de que él no andaba buscando mujeres porque motivos tenía para cambiarme por otra.
Algunas veces grita como un loco y asusta a los hijos con sus groserías. No sé realmente qué le pasa. En los negocios normalmente le va bien, pero cuando las cosas no salen como él quiere, viene criticando a todo el mundo y por varios días no le habla a nadie. Tiene un carácter insoportable. Siempre que puede me reprocha el que yo no llegara virgen al matrimonio. Cuando no tiene por qué regañarme, me recuerda este suceso. Tengo ganas de dejarlo. No lo he hecho por mis hijos y por miedo a no defenderme sola en la vida. Nuestro matrimonio es civil y ahora agradezco a Dios no haberme casado por la Iglesia. Mi madre me lo insistió y yo en eso le obedecí. Le cuento que tengo carrera de secretaria bilingüe y que por unos años trabajé y luego él me prohibió seguir trabajando. Hablo muy bien el inglés y algunas veces doy clases en mi casa a estudiantes que andan mal en la materia. Tengo ganas de dejar a este hombre porque me tiene los nervios de punta. Últimamente padezco de dolores de cabeza intensos y nada más pienso cuando este hombre va a llegar a casa, a ver cómo viene. Por temporadas se calma y esto ocurre sobre todo cuando se está en la temporada de fútbol y se mete a ver en la televisión partidos tanto nacionales como internacionales. Veo a mi marido cada vez peor en su carácter.
Señora, lo lamento mucho, pero eso no es vida. Usted no nació para estar soportando día y noche la tortura de un déspota, de una persona con grandes desequilibrios emocionales y un nivel enorme de sadismo. No hay una auténtica relación de pareja, en la que el diálogo y el respeto mutuo, el buscar servir y promover lo mejor del otro, se dé.
Ahora bien, yo le aconsejo que usted se someta cuanto antes a una terapia espiritual y psicológica para recuperarse emocionalmente. Urge que usted haga eso. Ya hay reacciones psicosomáticas que están repercutiendo en su salud y eso se va a ir agravando. Convivir con una persona así desgasta mucho, porque usted está siendo víctima de sus estados emocionales desequilibrados y él ya se ha habituado a desahogar su agresividad en usted y eso lo convierte, como le decía, en un sádico. La persona siente placer haciendo daño y justamente lo hace en las personas a las que más quiere y que son muy vulnerables.
Si se decide a dejarlo, que en este caso sería lo mejor, usted debe escribirle una carta en la que exponga lo que usted siente, todo lo que él ha hecho negativamente en usted y decirle que usted no va a permitir eso más porque usted tiene dignidad y, por lo tanto, ha decidido separarse. Esta separación puede ser temporal, poniendo como condición que él cambie su forma de ser con usted sometiéndose a un tratamiento. Como cristiana tiene que perdonarlo y orar para que él cambie y si me permite decirle esto, siga amándolo, pero sin aceptar que se vuelva a repetir la historia.
Y le aconsejo que busque cuanto antes un trabajo, ya sea como secretaria o como profesora privada de inglés, que estoy seguro de tendrá abundante clientela, sabiendo que a muchos no les va bien en esa materia y necesitan ayuda. Lamento mucho que le haya sucedido esto, pero el machismo nuestro ha sido tan exagerado y miles de mujeres han aguantando humillaciones y hasta golpes, y esto tiene que acabarse. De hecho crece el número de asesinatos de mujeres. Ya es tiempo de que las mujeres agredidas físicamente denuncien a los hombres ante la ley. Esto ayudaría mucho a bajar el nivel de violencia matrimonial. Le pido que busque más al Señor, Él la va a guiar en su vida, y con Dios usted es invencible.