default

Un ‘juegavivo’ que no perdona


Absalón Chávez (opinion@epasa.com) / Estudioso de geografía urbana.

Las cifras de muertes por accidentes de tránsito son frías, pero igual de frías son las cifras de la cantidad de personas que quedan discapacitadas, lesionadas o recurriendo a diario a los centros médicos en busca de atención luego de un choque o porque simplemente alguien en estado de embriaguez se pasó la luz roja.

Para fortuna del ebrio, por más fatal que sea el accidente, en muchas ocasiones sale ileso; en cambio, aquel o aquella que iba inocentemente en su vía o acera no cuenta con tal suerte; mayor dolor da cuando la víctima es un menor de edad, a quien se le arrebata la vida por un descuido o por unos tragos de más.

A cualquier hora del día nos encontramos con personas que detrás de un volante creen ser más veloces que los pilotos de fórmula uno, los únicos estresados por el tranque, los más retrasados para llegar a algún compromiso o simplemente quieren lucir las extras de su carro de lujo.

Esto queda en evidencia en las estadísticas de infracciones reportadas por la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) y la cantidad de accidentes que ocurren. En los primeros siete meses de este año se reportaron 20,710 accidentes que dejaron 264 fallecidos, es decir 264 familias de luto.

Es lamentable como se eleva cada día la cantidad de muertos producto de la mezcla alarmante de velocidad y licor, al parecer las campañas de concienciación no han calado aún en la mente de los conductores, quienes deben ver un auto no solo como un transporte sino también como un arma en potencia si no es bien utilizado.

Constantemente hablamos del desarrollo de Panamá, pero a la vez reconocemos los bajos niveles de educación en las escuelas y universidades dejando por fuera un renglón muy especial, la educación vial; aquí, señores, ni siquiera aplicamos, ¿por qué?, pues es simple, la mayoría de los panameños desconoce las reglas del tránsito.

Compramos el librito solo para pasar el examen de la ATTT y luego lo llevamos de adorno en la guantera del carro en caso de tener que recurrir a él. Sin embargo, en la mayoría de los casos ni de consulta lo usamos; si tenemos un accidente menor, luego de alegar a nuestro favor -obviamente-, esperamos a que el agente de seguros nos resuelva la situación. ¡Oh, qué vivos somos!

Entonces, ¿quién lee el libro? Los policías de tránsito claro está, ya que son quienes deben velar por aplicar la sanción correspondiente y es allí que luego ocurre, que, por desconocimiento de lo plasmado en el manual de seguridad vial, debemos pagar por una falta simple que hemos cometido o incluso una que ni siquiera hemos realizado.

Pero, ¿en qué consiste la educación vial? Es fácil, en respetar las reglas de tránsito y sobre todo la vida humana. No obstante, parece que en Panamá esto resulta muy difícil.

Las muertes por accidente de tránsito no excluyen raza, edad ni posición social, depende de nosotros evitarlas. Toma conciencia de tu manejo y evita una muerte en tu camino. Cuando estés al volante, piensa en tus amigos y familiares, quienes te esperan de regreso en casa para seguir disfrutando de la vida.

Estudioso de geografía urbana.

Edición Impresa

Martes 18 de agosto de 2026