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Un lienzo para ti

Por: Redacción 21/06/2015

Cada tercer domingo del mes de junio celebramos el Día del Padre. Hoy vienen a mi mente un sinfín de anécdotas vinculadas a experiencias de amigos y familiares con sus hijos. Sus historias mueven las fibras más sensibles de mi ser. Recordar sus expresiones faciales cuando hablan de ellos derrocha alegría, la emoción que se percibe cuando les piensan da brillo a su sonrisa, el dolor que se desprende de sus ojos cuando enferman rebosa las pupilas, la nostalgia cuando por algún motivo se apartan de ellos no puede ser descrita.

No importa si las vivencias contadas son de pocas fracciones de segundos o interminables horas, lo que se capta en ellas es amor.

A la mayoría de los padres les toma nueve meses prepararse para la llegada de un hijo, ¿tiempo suficiente para adaptarse al nuevo rol de guía para ese ser que depende de ellos? En otros casos, la vida les exige convertirse en padre en el momento que ella lo decide, tal vez en un instante insospechado, pero sin lugar a dudas el más deseado.

Convertirte en padre de alguien que empiezas a conocer desde que dicen ¡ahora es tuyo!... no porque lo procreaste, sino porque la vida te lo dio, es realmente un acto de amor de incalculable valor. Me refiero a la adopción.

La adopción es un proceso con obstáculos concebidos para garantizar la custodia, guarda y amor a un menor.

No presentaré en esta reflexión los mecanismos legales para concretar la adopción, ya que más allá de los necesarios tecnicismos jurídicos que involucra el intenso proceso, deseo plasmar el sentimiento de un hombre y su hijo. Ese lazo de amor que les sujeta desde el momento en que se encuentran, después de navegar en un oleaje legal.

Esta es su historia. Un matrimonio sólido, de mediana edad, ha intentado por diversos mecanismos convertirse en padres naturales; sin embargo, la primicia médica anuncia que un problema fisiológico les impide concebir la sola idea. Luego del conocimiento de este hecho y después de pensarlo mucho, abrieron las puertas al camino de la adopción.

Las palabras infertilidad y adopción se volvieron familiares en su círculo de conocidos. Un día cualquiera, conversando del tema, me dijo el hombre de la historia: "Un hijo se ama porque es tu hijo. Ya lo amo y no sé quién es, ni cómo es, ni dónde está, ni cuándo llegará".

Siguió con sus palabras? "Hay muchas maneras en que Nuestro Padre nos pide que realicemos esta misión. No me importa de qué color me lo mande, ojalá sea como el arcoíris, para pintar mi vida. Deseo un hijo para amarlo, no para realizar mis sueños, sino los de él".

Este hombre decía, con la franqueza de alguien que se despoja de todo peso, ¿no sé cómo alguien puede deshacerse de un ser frágil, no sé cómo hay gente que los abandona? Y yo deseándolo tanto...

Meses después de nuestra conversación, una llamada hizo de su espera de días, meses y años, el preludio a un cúmulo de sueños hechos realidad, transformando su vida.

El ansiado día llegó y el encuentro se dio. Ver sus manos grandes con firme delicadeza agarrar a esa criatura y mirar los ojos de ese pequeño expresar un amor fuera de este mundo fueron unas de las escenas más conmovedoras que he presenciado en mi vida.

Entre ellos se desprendía un lenguaje sin palabras, se traslucía un sentimiento de paz, había luz a su alrededor. Era hablar sin hablar, era gritar en silencio: Te estaba esperando a ti, tanto como tú a mí. Simplemente sentir.

Sus fuertes brazos lo llevaban como cuna donde descansaba plácidamente. Su entrega era recíproca, se sentía en el alma.

De esta historia ha pasado un tiempo, hoy celebran otro Día del Padre. Y su amor ha ido en aumento.

Pequeño de grandes ojos cafés, cabellos lacios, labios rosados y piel brillante, no sabes cuánto te esperó tu papá y la felicidad que le regalas. Estoy segura de que estás en un hogar dónde reboza el amor. Pruebas vendrán, pero seguro las superarán.

Esta experiencia me llena de admiración por este noble ser humano.

El tiempo ha pasado y su vínculo es más fuerte, estoy segura de que les ata un lazo invisible de gran consistencia.

Los verdaderos padres, aquellos que entregan cuerpo y alma por el bien de los suyos, merecen un homenaje y quisiera rendirle esa deferencia a través de esta experiencia que narro. Estas palabras contienen un gran cariño, son escritas con respeto desde la perspectiva de una espectadora que se regocija al ver tanta felicidad. ¡Feliz día!

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Viernes 31 de julio de 2026

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