Un mal ejemplo
Lo que sucedió ayer en Divisa no tiene justificación. No se aprueba ni la forma de protesta de los alcaldes y representantes ni la manera que en fueron reprimidos por la Policía Nacional.
Las reclamaciones de estos políticos, escogidos por votación popular y representantes de los ciudadanos, son justas. Exigir más equidad al momento de distribuir los fondos estatales no tiene nada reprochable.
En distintos gobiernos siempre surge este debate sobre la manera que se reparten los fondos públicos entre los diputados, representantes y alcaldes del país.
Se entiende que estas autoridades locales luchan por tener más presupuesto y atender a sus electores, eso es admirable siempre y cuando en su protesta no afecten a terceras personas y cierren una vía tan importante como la Interamericana.
Ellos están llamados a dar el ejemplo y no violar las leyes. En Panamá es considerado un delito bloquear una vía de comunicación y hasta los manifestantes pueden ser procesados por esta acción.
El día de mañana que como autoridades tengan que ordenar, como parte de sus funciones, despejar una calle no tendrán la autoridad moral para hacerlo.
Cualquier forma de violencia o represión ciudadana, cuando se puede utilizar la mediación, también es condenable.
La Policía Nacional debe agotar todos los recursos necesarios antes de hacer detonar la primera bomba lacrimógena. Hacer cumplir la ley también contempla una dosis de negociación.
Es triste ver como se manejo la situación de ayer en Divisa. Las autoridades locales enfrentadas con los policías, mientras salían a relucir asuntos partidistas.Todos fallaron en este conflicto y el más perjudicado es el país.
