Un mal que crece
Las protestas pacíficas son un derecho inalienable de todos los panameños, pero en los últimos días, el abuso está marcando la pauta.
Los cierres de calle en todo el país son una constante y están afectando el libre tránsito de terceras personas, lo que también está contenido en nuestra Constitución Política.
Si bien es cierto muchos ciudadanos toman estas acciones ante la indiferencia de las autoridades en la solución de sus problemas, la medida no es la correcta, pues en cualquier momento puede desencadenar en disputas.
El bloqueo de las principales vías paraliza el desarrollo de la economía, que viajeros pierdan su vuelos o envían un mensaje de una ciudad sumergida en el desorden.
El Gobierno debe actuar y empezar a usar el diálogo y las respuestas.
