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Un mal que no acaba


Los cambios en la toma de decisiones le está costando dinero al Gobierno Nacional y minando su credibilidad en materia de transparencia.

Hace meses, el presidente anunció que no daría fondos para el Carnaval de la ciudad capital. No pasó mucho tiempo cuando cambió de parecer y para este año destinó una partida de dos millones de dólares para organizar la fiesta.

Más allá de los beneficios o no que dejen las Carnavales, la “urgencia” ha sido la palabra más usada por la Autoridad de Turismo de Panamá para contratar directamente a las empresas encargadas de confeccionar los carros alegóricos, instalar las tarimas, los fuegos artificiales, los suéteres, los artistas y hasta a compañías de las relaciones públicas para vender las bondades de esta celebración.

A pesar de las críticas, esta administración ha hecho de las contrataciones directas una práctica normal, alimentando el morbo que generan.

Para todos es conocido que el Carnaval está marcado en el calendario anual. Ya está bueno que en el principal distrito de todo el país, donde la economía se mueve a paso veloz, los recursos de los contribuyentes sean usados para una fiesta que provoca más polémica que beneficios.

Sería bueno que si no hay más cambios, el Gobierno diga desde el miércoles cuánto dará para el 2012 y los actos públicos se fijen desde ya.