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Un mejor servicio para el oeste


Viernes. 6:30 p.m. El cruce de calle 25 con Avenida Perú, en Calidonia, es un hervidero de gente. Hombres de la construcción con mochila en mano compiten con las elegantes oficinistas de los bancos y las dependientes de los almacenes por un puesto en los “carros piratas”, que ahora se autoproclamaron transporte solidario. Son aproximadamente 500 personas las que a diario compiten por un puesto en el “pirata”, con tal de llegar temprano a su hogar.

Un sedán amarillo -marca Toyota- se acerca al grupo de usuarios desesperados. Detrás de él, un hombre corre cojeando del lado derecho. El carro se detiene y el hombre medio harapiento grita: ¡Vacamonte hasta la casa! En un tris los cuatro puestos del carro quedan llenos. Al área llegan desde taxis, sedanes y busitos, todos ofreciendo el viaje a cualquier sector del oeste por uno o dos dólares. La escena se repite durante el resto de la tarde y de la noche; claro, con personas diferentes, pero que tienen en común el mismo problema: la falta de un transporte digno que los lleve hasta sus hogares; un transporte que le dé mejor calidad de vida y más tiempo con sus familiares.

Pero en la zona, los pasajeros no solo tienen que jugársela para ver si consiguen un puesto en el “transporte pirata”, sino que también tienen que aventurarse entre las inseguras calles de Calidonia, a la buena de Dios, para que no les pase nada.

Es hora de que las autoridades del Tránsito busquen una solución al problema. Recientemente los transportistas del sector oeste amenazaron con un aumento del pasaje; sin embargo, no ponen de su parte para brindar un mejor servicio.

Las causas del problema son claras: la falta de buses. Solo basta llegar una mañana a las piqueras en el área de La Chorrera y ver las largas filas de personas que esperan un bus para que los lleve a su sitio de trabajo. Esa situación también se repite en Arraiján, Vacamonte, Vista Alegre y Burunga.