Un mensaje a los señores diputados
La Constitución de 1946, en su artículo 107, establecía: “Los diputados, una vez elegidos, representan a toda la nación, no están sujetos a ningún mandato y sólo obedecen a los dictados de su conciencia”. Esa norma debiera considerarse en las reformas constitucionales actualmente en discusión. Queda claro que escribir normas jurídicas no es la única manera de legislar. También se legisla, yendo desde el examen de las entrañas de los problemas humanos hasta las prescripciones llamadas a resolverlos.
Los diputados deben analizar las causas reales y apreciar los efectos posibles de las acciones y omisiones que han de atender con medidas institucionales.
Han de llegar hasta donde lo consienta la condición del país en lo que no pueda producirse con la amplitud y la justicia deseables. Han de atender más a la utilidad colectiva que a su propia popularidad. ¡Si prefieren el bien público al renombre personal, alcanzan honra mayor!
Los diputados deben tener predilección por algunas palabras, como raíz, ala, real, útil, luz y ley; las que deben emplear para expresar constantes y frecuentes inclinaciones de su espíritu. Lo de raíz y ala traduce el equilibrio entre su conocer y su querer. Lo de real habla del anhelo de creación.
EL DERECHO NO ES UNA RED, SINO UNA CLARIDAD. EN LOS PUEBLOS LIBRES EL DERECHO HA DE SER CLARO.
Lo de útil refleja sus mejores ansiedades. Lo de ley responde a su aptitud para el ordenamiento de ideas y hechos. Las leyes que salgan de sus mentes abarquen así las concepciones más abstractas como las meras relaciones humanas.
En el hombre existe el instinto y la fuerza de lo justo. ¡He ahí el primer estado de derecho! Juntos han de andar la conciencia del derecho propio y el respeto al derecho ajeno. Lo práctico y tangible del Derecho conduce a la paz, única condición y único camino para el adelanto de las naciones.
Algo más todavía: el Derecho no es una red, sino una claridad. En los pueblos libres el Derecho ha de ser claro. En las sociedades dueñas de sí mismas el Derecho ha de ser popular. Así va el Derecho penetrando en la esfera de la Ley. Ya la Ley no es monopolio: es una augusta propiedad común. En la sinceridad de la Ley aquilata el valor de la conducta de quienes la hacen. Vale decir, ha de ser reflejo fiel del espíritu de sus autores.
Por eso los diputados deben poner rigor en la tarea de coordinar los factores llamados a levantar la función cívica, mejorar las instituciones y acelerar el advenimiento de una moral que obligue a todos a considerarse solidariamente custodios del bien común.
Pedagogo, Escritor, Diplomático.
