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Un modelo infame de transporte público en la ciudad capital


Juan Jované (opinion@epasa.com) / Economista

Con el fin de comprender mejor la naturaleza, calidad y consecuencias del pésimo servicio del monopolio metrobús, sometido a serio cuestionamiento por la ciudadanía, decidimos junto con algunos compañeros realizar un típico viaje matutino en el mismo. Como economista, conocíamos de antemano los efectos de los monopolios privados: una oferta reducida, una mala calidad y un precio que supera el costo marginal, hecho este último, que puede verse disfrazado por un subsidio estatal que, a final de cuentas, paga la población a partir de los impuestos. Sabíamos, además, que estos efectos se hacen más agudos cuando, como es el caso de Panamá, existen autoridades públicas reguladoras que resultan ser complacientes, débiles y cómplices de los monopolios. En nuestro caso, sin embargo, la realidad superó con creces las dificultades previstas por la teoría.

El viernes 22 de abril, llegamos a la parada del Supermercado Extra de la 24 de Diciembre a eso de las 4:00 a.m., donde ya pudimos observar a varios cientos de personas que hacían filas para tratar de abordar el transporte que los llevaría a sus puntos de trabajo; a esa hora, el tiempo de espera para la mayoría de estos superaba con creces los quince minutos que el contrato de metrobús señala como tiempo máximo de espera. Frente a la notable carencia de buses, los cientos de usuarios en espera de transporte se convirtieron en pocos minutos en miles de personas que se encontraban en filas con el fin de dirigirse a sus labores cotidianas.

No se trataba de una simple masa humana, era un inmenso conjunto de seres humanos, hombres y mujeres, que en su mayoría se habían despertado a las 3:00 a.m. o antes, sometidos a la enorme tensión de no haber descansado lo suficiente, así como al estrés que significaba para muchos no haber desayunado y, sobre todo, la posibilidad de no llegar a tiempo a su trabajo, lo que implicaría un ominoso descuento de su salario y hasta la posibilidad de despido. Vale la pena agregar que todos estos ciudadanos se encontraban en la obscuridad y a la intemperie, por lo que no es difícil prever lo que ocurrirá durante la próxima estación lluviosa.

Al trasladarnos a Las Mañanitas, donde finalmente nuestro grupo tomó un bus a fin de trasladarnos hasta la entrada principal de la Universidad de Panamá, encontramos exactamente los mismos problemas. Luego de una espera de cerca de treinta minutos, abordamos un transporte que tomó cerca de dos horas y media para acercarnos a nuestro destino. Se trató de un trayecto en el que el hacinamiento fue creciente, en el que vimos a pasajeros que fueron dejados en la parada, mientras otros intentaban desesperadamente entrar al vehículo por la puerta trasera. No menos llamativo fue el hecho de que en ese recorrido nos tocó observar por lo menos tres buses que se habían descompuesto.

Estamos, se puede concluir, frente a un sistema de transporte público que resulta inhumano, que día tras día pisotea la dignidad de la persona humana, el cual tiene graves consecuencias para la calidad de vida y la productividad de la población. Esto es claro si se tiene en cuenta que las personas pasan cerca de seis horas diarias en el proceso de transporte, a lo que se debe sumar que deben levantarse aproximadamente una hora antes para iniciar dicho proceso. Si a estas siete horas le agregamos las ocho horas de trabajo, llegamos a una jornada efectiva de trabajo que alcanza a quince horas. Es así que los trabajadores y trabajadoras de nuestro país se encuentran sometidos prácticamente a las infames jornadas de trabajo de la época de la revolución industrial.

Se trata de un sistema diseñado para maximizar el lucro de la empresa monopolista que maneja el servicio, mientras que genera un enorme desgaste de la fuerza de trabajo y de los estudiantes del país, poniendo en peligro el factor más importante para el progreso nacional. A esto se debe agregar que este estrés y desgaste que el sistema de transporte genera en el trabajador lo expone a una mayor probabilidad de riesgos profesionales, así como a una enorme tensión en la vida familiar.

Frente a esta realidad, proponemos que el Estado rescinda por incumplimiento el contrato con metrobús. Que aproveche esta posibilidad para desarrollar una empresa pública de transporte que con el apoyo del actual subsidio estatal establezca un servicio de transporte que no responda al sentido de lucro privado, si no que se dedique a transportar eficiente y dignamente a nuestra sufrida población.

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Viernes 14 de agosto de 2026