Un país que debe aprender de sus errores
La historia política de Panamá, en mi concepto se puede dividir hasta ahora en cinco periodos o etapas claramente definidos y con personajes relevantes que marcaron las mismas y definieron el devenir del país.
La primera etapa es la de la patria boba. Esta se inicia el propio 3 de noviembre de 1903 y finaliza la noche del 2 de enero de 1931 con el golpe de Estado de Acción Comunal. El Dr. Belisario Porras fue, por mucho, la figura más destacada de esa época, cimentando las bases del Estado panameño moderno con su muy peculiar y fuerte liderazgo.
La segunda etapa va desde esa noche de enero de 1931 hasta el 1 de octubre de 1956, fecha en la que asume don Ernesto de la Guardia como presidente constitucional. El Dr. Arnulfo Arias y el coronel José A. Remón son los protagonistas indiscutibles de ese periodo. Digamos que fue la etapa del caos político, propiciado por el reacomodo de las fuerzas económicas, que entendieron que nuestro país era un paraíso para hacer dinero como fuera, a la sombra de las tropas norteamericanas acantonadas en nuestro país en ese entonces.
La tercera es de la primera etapa democrática. Desde la elección del presidente De La Guardia hasta el inicio de la presidencia del Dr. Arnulfo Arias, el 1 de octubre de 1968. El Partido Liberal y don Roberto F. Chiari son las personas que más influyeron en esa etapa. Se caracterizó por partidos llenos de vicios y por la falta de la cultura democrática y un entorno macropolítico cargado de intolerancia y soluciones militares.
La cuarta etapa, la militar, en mi concepto se inicia esa tarde de octubre del 68 y termina la madrugada del 20 de diciembre de 1989. Omar Torrijos Herrera es, indiscutiblemente, la figura más importante de ese periodo. Todo lo demás es consecuencia de sus aciertos y errores.
Por último, la quinta etapa se inicia ese diciembre del 89 y llega hasta hoy. Le denomino la segunda etapa democrática. Si, nuestra segunda gran oportunidad de parecer un país civilizado y coherente, que ha decidido crecer para que sus hijos sean cada vez mejores. En mi parecer, el Dr. Ricardo Arias Calderón ha sido la figura política más importante de esta época, por mucho.
Entre la primera y la segunda etapa democrática, o sea unos 37 años, Panamá tuvo 9 presidentes constitucionales. Si tomamos en cuenta que el país tiene 110 años de vida republicana y otros casi 51 presidentes por diferentes razones, podremos entender lo importante que es para la estabilidad económica y social del mismo que nos mantengamos dentro del sistema democrático, con sus beneficios y falencias.
CONTINUAR POR EL CAMINO DE LA DEMAGOGIA Y EL POPULISMO NOS VA A DESTRUIR. OLVIDEN SI ES DE IZQUIERDA O DE DERECHA.
La primera etapa que disfrutamos de algo parecido a un sistema democrático, donde un político ganaba unas elecciones y el anterior entregaba la banda presidencial dentro de su periodo, los intereses económicos utilizaron la institución policial existente para proteger sus apetitos económicos, lo cual, más allá de cualquier debate de ideas, permitió que los políticos sin escrúpulos y con enormes apetitos de poder trataran de alcanzarlo con todos los métodos a su alcance. Medios de comunicación y periodistas se prestaron para exacerbar odios y malentendidos. Privó la descalificación y no se respetó la dignidad de las personas en ningún momento. Quizás los lamentables hechos de enero de 1964 retrasaron el desenlace de este corto periodo de nuestra historia.
Para esta segunda y quizás definitiva oportunidad que tenemos de construir un verdadero Estado democrático, me preocupa que luego de la lamentable enfermedad del Dr. Arias Calderón y los fallecimientos del presidente Guillermo Endara y el vicepresidente Guillermo Ford, los otros constructores de este momento histórico de nuestro país, nuestros políticos hayan ido decayendo en el discurso y la oferta electoral.
Que todos nuestros partidos políticos recurran al populismo en los últimos años, tiene que ver con la debilidad política de los planteamientos de los propios partidos. Sin ideologías, ahora todo es prometer cosas que podrían ser imposibles en la realidad o dependerán de impagables deudas, que más adelante nos pesará haber adquirido.
Deben surgir nuevas alternativas. Si no, nuestro actual sistema terminará llevándonos a una nueva etapa política que además de incierta, acabará con todo lo construido los últimos 25 años.
No sigamos abusando de nuestra suerte. Continuar por el camino de la demagogia y el populismo nos va a destruir. Olviden si es de izquierda o de derecha. Si perdemos esta oportunidad, nos arrepentiremos por generaciones y nuestros hijos, nietos y la historia nos juzgará de manera implacable y nos lo reclamará.