Un país secuestrado
Todos los panameños debemos repudiar la forma como la dirigencia de los docentes se ha manejado desde hace más de 15 años.
Confrontación, amenazas, gritos, piquetes, paros y chantaje contra todos los ministros que han ocupado esta cartera.
Los que pagan las consecuencias son los estudiantes, con atrasos en su calendario escolar, una mala calidad en la enseñanza, tras la negativa de los líderes de los docentes, quienes rechazan cualquier forma de mejorar el proceso.
En el caso del despido del docente, Andrés Rodríguez, tiene todos los mecanismos legales a su favor para utilizarlos.
No obstante, el grupo solo quiere confrontación en vez de reconciliación.
No es posible que por un solo hombre el sistema educativo peligre sin que nadie proteste.
Perder un día de clases cuesta miles de dólares, tiempo invertido y retrasos en el calendario.
La educación es un derecho del estudiante y es un deber del maestro y profesor cumplir con su horario laboral.
El que no trabaja no cobra, así es de sencillo, y el país no puede estar secuestrado por el egocentrismo de un pequeño grupo que daña a la nación.
¿Cuándo será que los gremios docentes digan que les preocupan los fracasos escolares y pelear por una educación bilingüe a nivel de primaria o elemental?
El desarrollo de un país se mide por su nivel educativo y la calidad de los egresados de sus aulas.
La política debe estar ajena de este proceso y ser técnica. No usar los gremios docentes para fines políticos.
Algún día se cumplirá el sueño de que las aulas de los planteles oficiales serán de excelente calidad, con sus alumnos que se los peleen las universidades y les sobren plazas laborales.
Pero, mientras estos grupos gremiales no cambien, la situación se asemejará más a la sucursal de políticos en busca de poder que personas orgullosas de su carrera profesional.
