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Un político y un religioso

Por: Redacción 10/09/2013

Gabriel Ortega (opinion@epasa.com) / Técnico en Riesgos en Espacios Confinados de la ACP

Cuando pensamos en esos términos, debemos recordar que el ser humano está compuesto por una parte material y otra espiritual, de allí la necesidad de cada persona de relacionarse con un ser superior, un creador que llamamos Dios. Nos damos cuenta de esto cuando morimos, la parte espiritual se separa de la material, el material se vuelve polvo y la parte espiritual se va con su creador.

Algunos conocedores dicen que la política es el arte de aplicar la moral cuando administramos todas las actividades públicas e institucionales dentro del país. Se trata de hacer las cosas bien para beneficio de la mayoría, que vive dentro de la sociedad, incrustada en el Estado. Una sociedad de hombres libres que deben resolver los problemas sociales y colectivos aplicando la justicia social.

Al final, el hombre se organiza y forma parte de grupos partidistas, con la finalidad de llegar a ocupar algún cargo público, en el que él pueda ejercer y administrar de forma correcta, justa y equitativa los recursos del Estado.

La política es entonces el instrumento propicio para el desarrollo de la sociedad aplicando solidaridad, responsabilidad, la justicia y la fraternidad. Por ser el hombre un ser social, es justo que participe de la política.

La religión es cuando el hombre social se organiza y rinde tributo a Dios, a su creador, lo hace esforzándose para agradarle, cumpliendo sus ordenanzas y mandamientos a todas luces morales y de alto contenido ético.

Podemos decir entonces que la Biblia manifiesta que la religión y la política no se deben mezclar. No lo contrario, porque simplemente todos los políticos no son transgresores de las ordenanzas de Dios. No es posible que todos los políticos sean personas deshonestas, amadoras de sí mismos, aprovechados, que tocan a mansalva las riquezas del Estado, me niego a creer que no halla ninguno justo. Cuando lees la Biblia que tienes en casa, te das cuenta de un hombre llamado Daniel, que pertenecía a una familia de la nobleza, de mucho dinero, pero temeroso de Dios; era un hombre con dinero que obedecía a Dios, llegó a ser un profeta y cuando Babilonia conquistó su país, el nuevo rey lo tuvo como un consejero de su reino, es decir, era un político.

Cuando José salió del calabozo, llegó también a ser el segundo en el reino del faraón de Egipto, todo Egipto se arrodillaba delante de José, también era un político.

Cuando la reina Esther salvó a su pueblo de morir, ella era la primera dama en ese reino; actuó en defensa de sus hermanos, hablando con el rey, ella también era política.

Lees en la Biblia «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas». El cristiano tiene la libertad de dar su opinión personal sobre muchos asuntos políticos, de cómo gobernar sanamente, sin tomar lo que no le pertenece, de ser justo a la hora de la repartición, de no discriminar a ningún grupo social, de buscar la unidad de todos los grupos sociales y religiosos, esto es lo que necesita la nación, hombres justos y temerosos de Dios que gobiernen con la verdad.

El creyente debe incurrir en la política, porque ser cristiano representa servir a los demás, pero con honestidad. Sí, me refiero a que todos los cristianos que se esfuerzan en agradar primero a Dios tienen la obligación divina de mantenerse firmes en contra de todos las cosas que afectan a la sociedad, cosas que impidan que llegue la ayuda a los más necesitados.

Porque no puede haber un alcalde o un legislador que haga las cosas que le agraden a Dios, redacten leyes que apoyen a todos por igual, que las biblias entren sin impuesto, que cada iglesia o templo tenga comedores infantiles y salones de resocialización y orientación, que se fortalezcan en las escuelas las enseñanzas bíblicas de no robar y matar al prójimo.

Ojo, si eres un pastor o un cura y ya tienes tu responsabilidad como el ángel de la Iglesia, no debes abandonar tus deberes de ministrar al pueblo por entrar en política; si eres la cabeza de la Iglesia, no debes descuidar a las ovejas, otros líderes, otros pastores no principales, miembros, diáconos, monaguillos, laicos, jefes de departamento sí deben tratar de aportar para mejorar esta sociedad.

Yo sé que hay más gente buena que mala, pero no salen a la palestra. Y sé que hay muchos cristianos que están calladitos y pueden aportar mucho más. Este país es muy hermoso, pero si nos alejamos de Dios, podemos perder todas las bendiciones que él tiene para nosotros.

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Jueves 13 de agosto de 2026