Un presidente que quiere intimidar y meter miedo
Recientemente, el "excelentísimo presidente Varela" nos dio a conocer una más de sus desafortunadas declaraciones a las que ya nos está acostumbrando. Esta vez, desde la provincia de Bocas del Toro, menospreció al pueblo panameño, que con toda la autoridad a diario le critica su pésima administración de gobierno, y llamó "ñañecos" a los ciudadanos criticones.
Ese mismo día, en horas de la tarde, ante una demostración de inconformidad por parte de los miembros del partido Cambio Democrático, quienes protestaban ante el edifico donde se ubican las oficinas de las fiscalías del Ministerio Público, en virtud de un interrogatorio al cual sometían a la presidenta encargada de dicho colectivo, se ordenó, con el sobreentendido auspicio del Palacio de las Garzas, destacar en los alrededores de dicho edificio cerca de 150 policías, con todo el aparataje y la parafernalia para control de masas consideradas peligrosas y agresivas. Este claro exceso de fuerza militar tenía como propósito intimidar y meter miedo. Con esto, el presidente parecía también enviar el mensaje de que "aquí mando yo" y Uds. aguántense la "mecha y váyanse para sus casas".
Este evidente procedimiento intimidador no debe ser práctica en ningún país donde el presidente a cada rato dice hay democracia, y que también se glorifica como el adalid de la libertad de todos y cada uno de los ciudadanos en el país. Además de cometer un garrafal error, la incoherencia de dicha acción lo deja en lo ridículo.
No obstante estos atropellos, los ciudadanos deben superar este tipo de amenazas por parte de las autoridades y no permitir que el miedo se apodere del discernimiento y cohíba e intimide a la sociedad, de tal forma que se mantenga su disposición para enfrentar las pretensiones absolutistas del mandatario.
Es claro que el presidente Varela trata de infundir miedo a los ciudadanos, buscando una salida para rehuir abordar los problemas del pueblo de forma racional y en un ambiente de paz. Esta circunstancia explica, por ejemplo, que se evidencie la voluntad de dominar y manejar los medios de comunicación y aun así proclamarse como garante de las libertades públicas, lo que es claramente una flagrante contradicción.
A pesar de todo esto, confiamos en que el pueblo panameño no se intimide y saque a relucir su capacidad y voluntad para que no ocurra más nunca en nuestro país un régimen de terror y opresión como el que vivimos durante la dictadura militar, que nuevamente parece asomarse, ahora con un ropaje de civil.
Ingeniero