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Un problema de educación


Guillermo Ávila (jgavila@revistasohopanama.com) / PANAMA AMERICA

Cómo aterrizarlo... La percepción suele ser susceptible.

Vamos por parte. Hay números que tapan bocas. También cifras que sirven de ejemplo.

Lo ponemos de este modo. Si nos miden por economía e inversiones, Panamá es un alumno modelo. Con su proyectado 8% de crecimiento en 2012, notable. Tres mil millones de verdes en inversión directa extranjera en 2011, alentador.

Si nos califican por rascacielos y “mall”, somos el primero del aula. Y todo eso está muy bien.

Pero si el asunto va por la educación –que debiera ser prioridad nacional–, quedamos debiendo nota. Y eso que se aumentó su presupuesto para este año cercano a los mil millones.

No obstante, estar casi en el sótano a nivel latinoamericano no es precisamente para inflar pecho.

Si lo aterrizamos en subjetivo, eso hace que en un curso de 25 estudiantes, por ejemplo, tengamos uno de primera categoría, cuatro que son buenos, ocho que solo hacen el deber y suelen ser extras sin parlamento, once que están ahí como parte del decorado y un par que sobresale hacia abajo, sin remedio.

El asunto también corre para las entidades privadas. Que un estudiante se gradúe de secundaria el año 2009 pero con diploma de licenciatura en mano expedido por una universidad en el 2006 resulta vergonzoso. Es cierto. Nunca hemos tenido candidatos en el Nobel. Pero sí campeones en deporte, lo cual es bueno.

Nos quejamos de que hay desempleo. Y como nunca en la historia patria, existen más vacantes.

Me desayuno con que ahora se están robando, y cuchilla en mano, las “laptops” –o más bien las mini notebooks juguetes– entregadas por el Ministerio de Educación, cuya inversión es de 26 millones de dólares (cada una cuesta al Estado 280 dólares).

Entregar 93 mil computadoras a alumnos de cuarto, quinto y sexto año de todo el país es positivo. Pero, si tomamos las palabras del dramaturgo y poeta alemán Goethe, esas que dicen que “podrían engendrarse hijos educados si lo estuvieran los padres”, entonces, hay bastante por hacer.