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Un programa antiecológico y antinacional

Por: Redacción 27/11/2013

Juan Jované /Economista (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

La ausencia del candidato oficial en el reciente debate presidencial sobre el sector agropecuario no solo resultó ser un hecho notable, también levantó la sospecha de que este carecía de una visión a futuro sobre este importante sector. Sin embargo, el día 16 de noviembre del presente, el aspirante oficialista a la presidencia develaba en un discurso algunas de sus ideas en torno al agro. Entre estas se destacaban dos ejes que determinan la naturaleza de su propuesta: la ampliación de la frontera agrícola hacia el Darién y Colón y “apostar por la biotecnología”. Aparece así un proyecto antinacional y antiecológico, incapaz de romper con la fracasada propuesta del “Plan Estratégico de Gobierno 2010-2014”.

Panamá ha sufrido desde hace mucho tiempo el problema de deforestación. De acuerdo con cifras del Banco Mundial, entre 1990 y 2011 el país perdió cerca del 14.5% de sus áreas boscosas. En estas condiciones, optar por un esquema de crecimiento basado en la extensión de la frontera agrícola y la consiguiente deforestación, en lugar de un desarrollo sostenible que eleve el rendimiento por unidad de superficie, más que un simple error constituye un efectivo crimen ecológico. El Sr. Arias pareciera entonces olvidar los impactos dañinos que generaría la deforestación masiva vinculada a su programa. Entre los efectos adversos se pueden mencionar los siguientes: pérdida de biodiversidad; sequía por falta de lluvias, que, además, genera dificultades en los mantos superficiales y subterráneos de agua; desertificación; reducción en la producción de oxígeno y en la captura de carbono por la masa boscosa, impulsando el calentamiento climático; erosión y pérdida de las capacidades físicas y químicas del futuro; pérdida de la belleza paisajística; eliminación de recursos para las futuras generaciones.

El otro importante eje de la propuesta del candidato oficial es la apuesta por la biotecnología. Este tiene implicaciones tan graves con la orientación anterior. En efecto, centrarse en la biotecnología y, por tanto, en los organismos genéticamente modificados (OMG), implica proponer una política con graves impactos ecológicos, económicos, sociales y de salud.

En el plano ecológico, por ejemplo, es conocido el hecho que la producción con semillas transgénicas no solo atenta contra la biodiversidad, sino que, además, en el caso de los cultivos genéticamente modificados se tiene bien documentado el hecho de cuando el único herbicida que se utiliza en combinación con las mismas, por ejemplo el glifosato, se incrementa significativamente la posibilidad de la resistencia de la maleza a este insumo, dando lugar a las llamadas “supermalezas”. Algo semejante pasa con las plantas genéticamente modificadas para producir toxinas que maten las plagas, las cuales terminan por generar plagas resistentes a las mismas. No menos importante es la contaminación de los suelos y las aguas que el modelo propuesto genera.

En el plano económico y social también se observan importantes impactos negativos. El primero de ellos, para ejemplificar, se refiere al hecho de que la producción de cultivos transgénicos no solo implica comprar cada año la semilla a las transnacionales que la producen (por ejemplo Monsanto), sino adquirir de la misma todo el paquete de insumos que le corresponden a dicha semilla (por ejemplo glifosato). Se trata, por tanto, de una estrategia perversa que coloca al agricultor nacional en una completa dependencia de los oligopolios que controlan la comercialización de estos insumos. A esto se puede agregar que la experiencia del uso de estas “modernas técnicas” puede llevar a reducir el empleo por unidad de superficie hasta en un 75%.

Desde el punto de vista de la salud, los efectos del modelo escogido por el candidato oficial a la presidencia no son menos alarmantes. A este respecto, también con el fin de ilustrar, se puede señalar que la Academia Americana de Medicina Ambiental ha concluido que “los alimentos genéticamente modificados pueden significar un problema serio para la salud”. Así mismo, el Dr. Gilles-Eric Séralin, quien realizó experimentos con ratas alimentadas por dos años con maíz transgénico tolerante al glifosato, mostró que estas tienen una mayor propensión a los problemas hormonales, tumores mamarios y enfermedades hepato-renales. A esto habría que agregar los problemas de salud de quienes tienen que manipular los insumos tóxicos.

La propuesta del Sr. Arias constituye, a nuestro juicio, una política incapaz de resolver los problemas del agro, esta genera problemas ecológicos, produce mayor dependencia externa y desempleo, a la vez que atenta contra la salud de la población y evita priorizar la producción para la seguridad y soberanía alimentaria. En definitiva, se trata de más del mismo neoliberalismo de siempre.

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Miércoles 12 de agosto de 2026