Un programa de inversión vial
Aunque Panamá es uno de los países de Latinoamérica que más invierte en vialidad, no escapa de la congestión vehicular. Con el Plan de Reordenamiento Vial, el Gobierno informa constantemente sobre las diversas inversiones que se están haciendo, sin embargo, es inevitable que una demanda creciente sobre una oferta vial relativamente constante redunde en una disminución progresiva de las velocidades de circulación.
La situación se está deteriorando a tasas aceleradas, según ecuaciones estadísticas, que relacionan la velocidad de circulación en una calle con el volumen de tránsito. La falta de un proceso de planificación y evaluación de proyectos, el mal estado y diseño de pavimentos, la ausencia de políticas de mantenimiento, el bloqueo de intersecciones, la falta de demarcación de carriles de circulación, los inesperados cambios en el número de carriles, paraderos de buses mal ubicados, mala educación vial (giros prohibidos, paradas de vehículos en lugares no autorizados, autos mal estacionados), calles en mal estado y el aumento de la flota de unidades que circulan en el país, de 1.2 millones aproximadamente, según la Asociación de Distribuidores de Automóviles, son los causantes del congestionamiento actual.
Pienso que de seguir así, esto podría desencadenar grandes problemas en los diferentes sectores productivos del país, así como afectaciones severas en la sociedad (mayor contaminación del aire, acústica y del suelo, irritabilidad causada por la pérdida de tiempo y el aumento del estrés).
Considero que es necesario poner en práctica un conjunto de medidas factibles para minimizar este problema mediante el fortalecimiento de las capacidades institucionales del MOP en materia de planificación y gestión, el diseño de un programa de inversión donde se construyan vías planificadas con perspectivas de crecimiento en pro de evitar fuga de capital y paños de agua tibia, que luego se convierten en problemas más grandes, reestructurar la política del mantenimiento vial, realizar una apropiada demarcación y señalización de las calles, coordinar semáforos, crear estacionamientos públicos, así como crear conciencia en los usuarios conforme a su comportamiento en cuanto al buen uso de las vías para evitar embotellamientos innecesarios.
La congestión es un problema serio como para suponer que se puede mitigar con medidas unilaterales y erráticas. Por el contrario, urge un esfuerzo multidisciplinario que incluya el mejoramiento de los hábitos de conducción, la provisión de mejor infraestructura (manejo de la oferta) y medidas de gestión de tránsito (manejo de la demanda). La vialidad constituye un elemento importante en el devenir de un país.
Estudiante de Maestría en Gerencia Estratégica de UIP.