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Un salto sin paracaídas...


Los paracaidistas son arriesgados por naturaleza. Para saltar de un avión a miles de pies de altura, deben confiar en sus  habilidades  para  abrir el paracaídas en el momento preciso, sin que se enreden las cuerdas y utilizando correctamente todo los equipos que llevan encima.

Si algo falla deben tener la capacidad de maniobrar en el aire, pensar rápido y procurar que el aterrizaje no sea estrepitoso. Si se equivocan, saben que su vida está en juego.

  El avión de la política se encuentra en este momento volando alto y muchos políticos, sin importar su rango, se están tirando al vacío pensando en un aterrizaje perfecto.

Los paracaídas tienen banderas del Partido Revolucionario Democrático, Panameñista y Molirena.  En  su aventura algunos  decidieron cambiar de equipo en plena caída y unirse a Cambio Democrático.

Las secuelas de esos saltos son una incógnita; desde diputados hasta representantes de corregimiento, seguidos de alcaldes y gobernadores quieren estar ahora con el gobierno.

Los saltos no son causales, en medio de la tormenta política que azota a Panamá prefieren tener las puertas abiertas a programas estatales y proyectos sociales que pueden servir para sumar votos en las próximas elecciones.

En muchos pueblos a los ciudadanos no les interesa de dónde viene la ayuda, lo que esperan es que llegue.

Gestionar fondos en el bando opositor no es lo mismo que hacerlo con la facción oficialista. Eso es claro y hasta el político más novato lo sabe.

El país necesita robustecer su democracia, debilitar a la oposición restándole figuras puede ser peligroso. Aunque también quedan retratados muchos dirigentes  que hoy piden apoyo con un partido y a los días se mudan a otro.

 En el juego del poder no es bueno confiar en nadie. Antes de lanzarse  es mejor que revise su paracaídas  y esté consciente de que tiene uno de  emergencia, pero que si no abre a tiempo se puede estrellar.