Una América Latina y un Caribe menos vulnerables
Subsecretaria general de la ONU y directora del PNUD para América Latina y el Caribe
En este año que perdimos, América Latina y el Caribe y el resto de la humanidad, a Gabriel García Márquez, recuerdo una frase de su discurso al recibir el Premio Nobel en 1982: “Ni los diluvios ni las pestes ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos, han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.
Pareciera un presagio. En los últimos treinta años, la región de América Latina y el Caribe ha pasado por tremendas transformaciones. La democracia se ha consolidado en la mayoría de los países y, tras la década perdida de los 80, hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, niños y niñas han tenido mejoras en salud, educación y acceso a recursos económicos, dimensiones que configuran el Índice de Desarrollo Humano (IDH), medida de bienestar del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
De hecho, América Latina y el Caribe tienen hoy el más alto IDH comparado con las otras regiones en desarrollo. Y mientras la desigualdad de ingresos ha aumentado en las otras regiones del mundo, la nuestra ha logrado reducir la brecha, principalmente debido a la expansión de la educación y las transferencias públicas a los pobres.
Datos nuevos que dimos a conocer en San Salvador recientemente, durante la presentación regional de nuestro Informe Mundial de Desarrollo Humano, revelan que en América Latina y el Caribe la pobreza se ha reducido casi a la mitad en la última década, y la clase media subió de un 22% de la población en 2000 al 34% en 2012.
A pesar de estos logros, tenemos una proporción demasiado alta de la población que, aunque no vive en pobreza, tampoco ha logrado acceder a una condición estable de clase media y sigue viviendo en constante incertidumbre. Son estos los vulnerables de la región: poco más de un tercio de la población, 200 millones de hombres y mujeres quienes corren riesgo de caer en la pobreza.
Está claro que si los países de la región no reducen sus vulnerabilidades y refuerzan su capacidad de recuperación ante crisis financieras y desastres naturales, no seremos capaces de garantizar, y mucho menos ampliar, los avances en la región en los ámbitos social, económico y ambiental.
El Informe sobre Desarrollo Humano titulado “Sostener el progreso humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia” muestra además que no solo en América Latina y el Caribe, sino en todas las regiones del mundo, el ritmo del progreso social y económico es más lento que en la década pasada. La tasa de crecimiento anual promedio en el IDH de la región se redujo casi a la mitad en los últimos cinco años en comparación con el crecimiento entre 1990 y 2008, hasta justo antes de la crisis financiera mundial. Esta fue una caída mayor a la ocurrida en todas las demás regiones, con excepción de los estados árabes.
Más de las mismas políticas no rendirán los mismos resultados de antes. En el informe hacemos hincapié en la necesidad de ampliar la protección social y hacerla efectivamente universal, particularmente en las fases más críticas de la vida de mujeres y hombres, como es el caso de los niños, jóvenes que ingresan al mercado laboral y ancianos, con el fin de ampliar nuestra resiliencia, es decir, nuestra capacidad de lidiar con eventos adversos sin que nuestro bienestar sufra retrocesos mayores.
Nuestro análisis recién divulgado revela que entre los 200 millones de vulnerables de América Latina y el Caribe, más de la mitad (54.4%) son trabajadores informales; casi la mitad (49.6%) carece de acceso a servicios médicos; 46.1% no tiene derecho a pensión para el retiro y más de la mitad (53.2%) no tiene contrato laboral.
La calidad del empleo es un tema clave para nuestra región. Los trabajadores – en su mayoría informales, en zonas urbanas y con medios de vida precarios – son altamente vulnerables a las crisis. En el largo plazo, el acceso a más empleos decentes será fundamental para impulsar el desarrollo humano, la cohesión social y también la seguridad ciudadana, otro tema que el informe resalta como un desafío crucial para la región.
Invertir en la resiliencia de las personas y los países al ampliar su capacidad de lidiar de manera exitosa con las crisis, sean estas financieras o asociadas a desastres naturales es, sin duda, una manera de ampliar “la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”, como inmortalizó García Márquez en su discurso histórico.
Hoy tenemos una tarea urgente que demanda un esfuerzo conjunto de nuestras sociedades y de un sector privado y Gobiernos que sean cada vez más eficientes y estén cada vez más comprometidos con la visión de un desarrollo sostenible a largo plazo.