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Una auténtica universidad

Por: Redacción 10/09/2013

José Carlos García Fajardo (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Que la universidad tiene una misión específica, nadie lo discute, salvo en regímenes ideológicos totalitarios o fanáticos. En 1930, pronunció Ortega y Gasset su lección “Sobre la reforma universitaria”, que publicaría bajo el título “Misión de la Universidad”. Hoy podemos hablar de una nueva misión, social, de formar profesionales que la ciudadanía necesita.

Ha habido varios modelos desde su nacimiento en el siglo XII. El más tradicional era el que concibe la universidad como un “adoctrinamiento”. El maestro enseña, adoctrina y el discípulo aprende. Es una relación vertical. Hoy abjuramos de este modelo.

Otro modelo es el liberal que postula mantener la neutralidad en cuestiones de valor. El primer modelo intentaba imponer valores, el segundo pretende ser neutral. La cátedra, dicen, debe servir para transmitir “hechos” científicos, no “valores”.

Pero los valores son un elemento fundamental de la vida humana. Intentar prescindir del mundo del valor es ya una valoración, y no la más inteligente. Nadie puede ser neutral en cuestiones de valor. Ortega, en 1923, publicó ¿Qué son los valores? La mente humana tiene resortes que le permiten no solo percibir sino imaginar, soñar, recordar, razonar… y estimar. Estimar, valorar o apreciar es una función psíquica propia de los seres humanos.

El valor de los procedimientos técnicos tiene carácter “instrumental”. Por eso es preciso distinguir entre los valores que son “fines” y los que son “medios”. A los primeros suele llamárseles “valores intrínsecos” y a los segundos “valores instrumentales”. El intrínseco es el que tiene valor en sí mismo o por sí mismo, no por referencia a otros. El filósofo británico George E. Moore encontró un modo para identificar los valores intrínsecos. Se trata de pensar en un mundo en el que una determinada cualidad faltase, y ver si nos parecía que habíamos perdido algo importante. Un mundo en el que desaparecieran la belleza, o la justicia, el amor, la salud, o la vida… Si esas cosas nos parecen imprescindibles, es que son valores en sí, valores intrínsecos.

Esto significa que la máxima institución docente, la universidad, no puede contentarse con una formación técnica, sino que tiene que incluir entre sus objetivos la formación en los valores intrínsecos. A esto suele llamársele formación humana o humanística, que jamás podrá prescindir de los valores. Esta es la nueva misión de la universidad.

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