Una ciudad amable
La cantidad de personas que padece algún tipo de discapacidad en Panamá ha ido aumentando de forma sostenida y silenciosa.
Cifras de la Secretaría Nacional de Discapacidad (SENADIS) generan preocupación: en tres de cada 10 hogares panameños existe una persona con alguna discapacidad.
Y lo más alarmante es que el 98% de las discapacidades no son congénitas, sino adquiridas por accidentes de tránsito o laborales y por enfermedades.
La última encuesta realizada arrojó que en Panamá hay 106 mil 375 personas con discapacidades físicas o mentales.
Una situación compatible con la del resto del mundo, en donde los discapacitados pasaron de conformar el 10% al 15% de la población mundial en los últimos años.
Las cifras en Panamá son muy elevadas si tomamos en cuenta que las ciudades, especialmente la capital, no cuentan con estructuras para hacerles más llevadera la circulación por las calles a estas personas.
La falta de rampas, estacionamientos, paradas de autobuses adecuadas y aceras son un verdadero problema para este sector de la población.
La situación ha llegado al punto de que el propio director del SENADIS, Ramón Alemán, reconoció que en Panamá existe discriminación hacia los discapacitados.
Una discriminación que no solo proviene del Estado, los ciudadanos también la practicamos a diario cuando no respetamos los pocos espacios asignados o somos desconsiderados con ellos.
Es hora ya de hacer valer las normas que garanticen que este importante sector de la población sea tomado en cuenta en todos los proyectos de construcción y vialidad. No podemos ser un país de avanzada en algunas cosas y de vergüenza en otras.
