Una ciudad poco amigable
Los ciudadanos vitalizan las ciudades, pero cuando estas resultan poco amigables, proyectan una imagen y una condición hostil. Preocupación primaria de todo municipio, una ciudad debe brindar a sus residentes las facilidades para su tránsito y disfrute, pero poco puede hacerse en ese sentido si la mencionada ciudad carece de de aceras amplias y limpias que acojan al ciudadano. En la ciudad de Panamá la situación es heterogénea, porque mientras que en algunas nuevas áreas, pocas por cierto, se goza de espacios para el peatón, en otras, la mayoría, las aceras son copadas por la mercancía de almacenes, o están deterioradas o no hay forma para protegerse del sol o de la lluvia. Pero hay algunos aspectos que hacen crisis. Por ejemplo, pese a que en varios puntos han sido construidos pasos peatonales, estos parecen haber sido concebidos única y exclusivamente para adultos hasta los 40 años, 50 cuando más, porque en lugar de rampas que puedan utilizar adultos mayores, los benditos pasos poseen unas escaleras tan empinadas que cualquier persona mayor, cercana o de la tercera edad, jamás utilizará. Tampoco hay autoridad que regule esa agresión que estresa, que es el bendito ruido de los cláxones y equipos de sonido. Nuestra ciudad es una de las más ruidosas del planeta, al término que muchas son las personas que se quejan de cómo se afectan sus nervios. Sin aceras en algunos lugares, con los ruidos señalados y con los pasos elevados exclusivos la nuestra resulta una ciudad poco amigable.
