Una crisis de arrastre, todos son responsables…
Para poder salir a defender la institucionalidad hay que tener moral.
La crisis institucional no es consecuencia del deterioro de un solo gobierno, todos los anteriores tienen su cuota de responsabilidad en este asunto. La crisis institucional se sumó a la política, o a la falta de autonomía, o la rendición de cuentas.
En lo que usted lee estas líneas trate de recordar en que gobierno se respetaron los poderes del Estado, sin interferencia del ejecutivo. En todos sin excepción la Procuraduría y/o la Corte han recibido instrucciones sobre temas específicos. Un precio a pagar muy alto cuando se infringe el pacto constitucional y se manipulan las instituciones. Por tanto una realidad muy alejada al diseño originario, que puede convertirse en una amenaza peligrosa para las libertades.
Cada sector que emite una opinión sobre el rumbo del país tiene intereses particulares, pocos son los que buscan el bien común, o el desarrollo integral. Los panameñistas fueron parte de la gestión gubernamental por dos años, en tanto, cuando el pueblo y los medios solicitaban rendición de cuentas, nadie salía a dar la cara. Todo cambió cuando se rompió la alianza, entonces el gobierno se transformó de demócrata a autoritario. El presidente conoce la cola de paja de sus ex aliados, y a pesar de que aún cuando permanecía la alianza, utilizó prácticas oscuras para doblegar alcaldes, diputados, representantes, nunca hubo un pronunciamiento por parte de este partido, tampoco los saltamontes pudieron resistir las presiones , pues en su mayoría, su pasado no ha sido su mejor carta de presentación.
El rompecabezas político se reacomoda, ahora hay posibilidad de nombrar más personas en las filas del oficialismo, 2500 puestos en la alcaldía y en la lotería otros cientos. Entidades que aprovechará el oficialismo para nombrar a los gallos reticentes y sumarlos de una vez por todas a sus filas.
Se trata de prácticas que contravienen los principios democráticos, y la institucionalidad, pero también son síntomas de la sociedad carcomida, donde el billete y el poder le ha ganado a los ideales y los valores. Intereses muy puntuales que vuelven la mirada a la guerra sin fin entre dos bloques económicos que aplastan al resto ante semejante lucha.
Retomar la institucionalidad es recuperar la credibilidad. El pueblo está claro que la elite política lo mira con interés quinquenal, que los discursos no son cónsonos con los hechos, y que la política es un momento de rebusca, el poder de perpetuidad o inmunidad, sin importar el partido que gobierne.
Periodista.
