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Una elección legislativa atípica

Por: Redacción 02/07/2015

Guillermo Antonio Ruiz Q. | Analista político y comunicador social

Aunque no es inédito, lo sucedido en la Asamblea Nacional esta semana había dejado de ser común y llamó la atención de propios y extraños. Lo que debió ser una elección más de la directiva del órgano del Estado encargado de la producción y discusión de nuestras leyes, terminó en un pulso entre todas las fuerzas políticas del país, en la cual se vio de todo.

Con la elección del diputado Rubén De León como presidente del legislativo, quedan en evidencia las fisuras dentro de los partidos políticos de oposición. Y es que hasta ahora, tanto en el Partido Revolucionario Democrático como en el partido Cambio Democrático, la beligerancia y vocería partidaria radican en las bancadas legislativas, lo que deja en un lejano segundo lugar las pocas acciones y pronunciamientos de las estructuras legalmente reconocidas.

El gobierno del presidente Juan Carlos Varela gana, pero se le complica el escenario de vocería parlamentaria. Hasta el martes pasado, las consultas que implicaban elaboración de propuestas dentro del ya caducado "pacto legislativo" solo necesitaban el aval del diputado Benicio Robinson, actual presidente del PRD.

Ahora con la nueva configuración legislativa, el presidente Varela necesita acuerdos con todas las bancadas e incluso con los diputados de los partidos Popular y Molirena, así como la diputada independiente, Ana Matilde Gómez. Esto último tampoco es inédito, pero va a requerir de mucha operación política legislativa. Lo otro es que es una garantía de que, de no haber consenso, los panameños podemos tener la seguridad de que no nos pasarán leyes impopulares o a espaldas de los mejores intereses del país.

La situación del partido Cambio Democrático pudo haber sido diferente. Si el presidente de ese colectivo político, Ricardo Martinelli, estuviera en el país, su bancada no se divide de la manera que hemos visto. Los que asesoraron al expresidente de la República no calcularon la posibilidad de que esta situación fuera posible. Incluso, queda al desnudo lo débil del liderazgo de los dirigentes que se encuentran trabajando en la conducción localmente.

En el PRD, el tema es aún más complicado. Benicio Robinson pierde el liderazgo que con puño de hierro ejercía sobre este partido. Con discursos de barricada e incluso apelando a la lucha de clases y el combate a la "oligarquía", su liderazgo se le escurre de las manos y les da aire a quienes le adversan internamente.

Es un buen momento para que ambos partidos redefinan sus estrategias en todos los órdenes, se definan los liderazgos a futuro y se aclare de una vez por todas quién es el líder de la oposición en este país porque una administración gubernamental sin contrapeso de una oposición cohesionada y con algún peso puede ser peligro para el Estado de derecho.

Por otro lado, el que los tres principales partidos políticos estén representados en la junta directiva de la Asamblea manda un buen mensaje, sobre todo de madurez política y de capacidad de llegar a acuerdos por encima de las mezquinas banderas politiqueras.

El logro de una joven de 25 años de ser electa como primera vicepresidenta de la Asamblea Nacional va quitando esa conducta del pasado en que tanto las mujeres como los jóvenes eran los últimos de la fila para ser considerados en los puestos cruciales de conducción del país.

De no ser por las acusaciones previas entre los propios diputados, en las que se habló y acusó de todo tipo de ofrecimientos y presiones, podría parecer que este ejercicio parlamentario ha dado como resultado un panorama democrático ejemplar. Por supuesto, hay que subrayar las innecesarias participaciones exóticas de algunos diputados.

Sin embargo, una vez más queda al desnudo la fragilidad de las estructuras de los partidos políticos en Panamá. Incluso el diputado del Partido Popular indicó que votaba a conciencia y sin consultar con su dirigencia. A última hora, fue la dirigencia del Molirena la que apoyó a sus dos diputados. El mundo al revés.

El gobierno del presidente Varela no debe hacer fiesta de este triunfo. Debe combatir la ya muy extendida percepción popular de "tortuguismo" en la acción de Gobierno. A pesar de que los números que muestra el propio presidente Varela a través de su discurso de primer año de gobierno dicen lo contrario, al final es el pueblo el que lo examinará.

Con muchos proyectos en ciernes y con apenas presupuesto para ejecutar, el presidente Varela debe entender que más allá del discurso de "Alicia en el país de las maravillas", hay un país que no entiende de números y porcentajes. Que solo entiende por resultados y promesas cumplidas, independientemente de lo que se requiera para hacerlo.

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Viernes 31 de julio de 2026

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