Una enfermedad subsidiada
La obesidad es una epidemia mundial que toca a todos por igual, pero con más riesgos a niños y jóvenes. Las posibles consecuencias sanitarias para la próxima generación son muy serias, y el impacto en los costos de cuidados médicos –un estimado de 180 millones de dólares anuales en Panamá – es significativo y aumenta cada año. Y, por tanto, es urgente realinear las políticas públicas que originan esta crisis.
En Panamá, desde 1980, las tasas de crecimiento de la obesidad en niños y jóvenes se han triplicado. Actualmente se calcula que existen más de 90 mil niños obesos, incluyendo el 25% de todos los niños entre las edades de 6 a 10, y el 18% de los adolescentes. Más del 70% de estos niños llegarán a ser obesos cuando adultos, aportando negativamente a las cifras de diabetes, ataques cardíacos y diversos tipos de cáncer. Estos niños, irónica y tristemente, pudieran convertirse en la primera generación en más de cien años con un estimado de vida menor al de sus padres.
Una de las causas principales de la obesidad en los niños es la falta de ejercicios físicos y actividades al aire libre. La poca cantidad de parques en el país, la carencia de aceras en las ciudades y de áreas deportivas seguras, además de insuficientes clases de educación física en las escuelas conforman la estructura sobre la cual se afianza esta enfermedad, en adición a la alta dependencia de la familia en el automóvil y de una vida hogareña sedentaria. Bajo este espejo, los pobres son más vulnerables y tienen mayor riesgo de contraerla, y la alimentación está siendo examinada porque se ha descubierto que sustancias e ingredientes en la comida empeoran esta situación.
Una de éstas es el sirope de maíz, mejor conocido como HFCS por sus siglas en inglés (“high fructosa corn sirup”). El consumo de HFCS se ha incrementado exponencialmente hasta 10 veces lo que era en 1970, una tendencia que corre muy paralela al aumento de la obesidad en los últimos años. El HFCS fue inventado en los años 60s y su producción se disparó luego que el Departamento de Agricultura de EU (USDA) desregulara el mercado del maíz, trigo y soya, y lo reemplazara por una política de subsidio indefinido en la cual los productores siembran y cosechan todo lo que pueden porque el Estado siempre está allí para comprar y pagar la producción. Actualmente, el subsidio agrícola en EU alcanza la mágica suma de 30 mil millones de dólares anuales, lo que ha traído como consecuencia un enorme aumento en la producción de maíz barato. Como es de imaginarse, no existen subsidios de este tipo para los productores de frutas o vegetales, a pesar de que sí existen claros beneficios cuando una alimentación está basada en estos productos.
HFCS representa el 100% del mercado de endulzante para gaseosas y bebidas, y más del 50% del de otros alimentos. Debido al subsidio, el costo de las sodas con HFCS ha disminuido en 30% desde 1985, mientras el precio de frutas y vegetales ha subido un 40%. En el año 2005, un niño consumía diariamente un promedio de 150 calorías de HFCS proveniente de diversas fuentes, y el tamaño regular de 8 onzas de una bebida endulzada fue reemplazado en menos de una generación por el “agrandado” de 20 onzas.
Debido a estos y otros factores, se estima que la ingestión calórica diaria ha aumentado en forma alarmante en más de 700 calorías por persona desde 1970, y quemar esta cantidad adicional de calorías requiera, en promedio, una hora adicional de actividad física por día. Los subsidios estatales merecen ser examinados de cara a sus costos escondidos y a las externalidades. Es incongruente e inconcebible que se malgasten millones de dólares para combatir la obesidad mientras países como Estados Unidos y agencias como la USDA la promueven.
Igualmente, los productores de fruta y vegetales necesitan más apoyo; las calorías de un vegetal son cien veces más caras que las del HFCS, haciéndose imposible que los consumidores puedan escoger alimentos sanos y saludables a precios competitivos.
Eliminar, o al menos reducir, la obesidad requiere de políticas multidisciplinarias y extraterritoriales. En adición, urge que las autoridades nacionales promuevan más educación, más actividad física, mejor alimentación y más promoción de frutas y vegetales. Pero lo más urgente es que se eliminen los subsidios agrícolas por improcedentes y porque contribuyen directamente en el surgimiento de la obesidad.
