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Una epidemia mundial

Por: Redacción 04/04/2014

Ante todo, mis respetos a todas las personas que hoy padecen de obesidad. Son enfermos que no habiendo nacido así, sufren y son víctimas de una epidemia mundial. Independientemente de lo que diga o piense la gente, Panamá necesita urgentemente un plan nacional contra la obesidad para crear conciencia y enfrentar el aumento descomunal de obesos y enfermedades no transmisibles que son consecuencia de los malos hábitos alimenticios y de la ignorancia de la población con respecto al tema de nutrición. Sin duda, la primera línea de acción corresponde al Estado. Y lo primero es penalizar a las empresas que fomentan la obesidad. Así como las tabacaleras pagan impuestos por promover el tabaquismo y las licoreras por ayudar al alcoholismo, los fabricantes de alimentos chatarra deben pasar por ventanilla y pagar su contribución. La idea es que el dinero recaudado sufrague programas educativos y promueva buenos hábitos de alimentación. Este impuesto no sería el primero.

Desde hace varios años, en Estados Unidos y otros países europeos la venta de pastillas, sodas y galletas está grabada con tarifas entre 8% y 12%. Hace cinco años, el estado de Nueva York subió a 22% el impuesto a todas las sodas y bebidas azucaradas. Y el año pasado, el exalcalde de New York Michael Bloomberg propuso una ley para prohibir la venta de sodas y bebidas azucaradas en tamaños de entre 8 y 24 onzas, pero la propuesta fue rechazada por la influencia nefasta de empresas que veían su mercado peligrar.

Panamá ocupa el lugar N.° 4 en la lista mundial de obesidad y el 16 en la de diabetes tipo 2, según la revista The Economist. Frente a este escenario, no queda más que crear leyes que estimulen el consumo de alimentos saludables. Las escuelas, por ejemplo, deben convertirse en plataformas de lanzamiento para una nueva cultura alimentaria. Los profesores deben impartir clases de agricultura y los estudiantes aprender a mantener huertos domésticos. Y las universidades deben ofrecer más cursos sobre nutrición y menos sobre farmacología.

En 1933, cuando Albert Einstein llegó a los Estados Unidos huyendo del imperio nazi, señaló que en medio de las dificultades se encuentran las oportunidades. Mi opinión es que, en medio de todas estas vicisitudes, el país tiene una oportunidad. Nos corresponde a todos ahora impedir que empresas, sin sensibilidad humana, fabriquen alimentos chatarra y bebidas azucaradas, y jueguen con nuestra salud como si fuéramos ratones de laboratorio.

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