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Una gran tarea en manos de nuestros historiadores


Francisco Paz (francisco.paz@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Los panameños con uso de razón que recuerdan el 20 de diciembre de 1989, a la fecha deben tener 30 o más años. Casi dos generaciones han transcurrido desde aquel suceso que marcó un antes y después en la vida republicana.

Se han escrito varios libros, artículos y ensayos sobre las causas, hechos y secuelas que dejó la intervención.

Por otra parte, se han gestado esfuerzos, sin éxitos, para que esta fecha pase a ser un día de duelo nacional y no solamente uno de reflexión, como se ha decretado algunos años.

Después de 23 años, la tendencia indica que si no se hace algo, dentro de poco, ni los moradores de El Chorrillo lo conmemorarán y pasará al olvido como ha ocurrido con otros episodios de nuestra historia.

Y el arrastrar este acontecimiento con ese sentimiento de “deuda pendiente” que queda por aclarar, como la cantidad de muertos, el esclarecimiento de los hechos -algunos de los cuales son comentados hoy como simples “vivencias”-, hasta la debida compensación civil a todos los afectados, sería como enterrar un puñal al corazón de nuestra identidad como nación.

Es por eso por lo que ante la revisión de la materia de historia en nuestros centros de enseñanza media, una manera sabia de hacer justicia con la patria es contextualizar a profundidad lo que para Panamá significó la más sangrienta de las 20 incursiones armadas de EE.UU. en nuestro país.

Las nuevas generaciones de panameños merecen conocer mejor lo que pasó y no limitarse a estar sujetas a interpretaciones generales que muy poco contribuyen a formarlas como sujetos críticos.

La historia es escrita por el hombre y siempre estará proclive a subjetividades, pero evitemos que lo que se narre sea injusto con lo que en verdad pasó en esos últimos días de la década del 80, cuando el cielo se iluminó y no precisamente con la estrella de navidad.

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Lunes 17 de agosto de 2026