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Una huella en tu camino
Como bien dijera el poeta Antonio Machado…se hace camino al andar… Por años este bello poema ha llegado a mis manos y oídos y cada vez que lo leo o vuelvo a escuchar percibo la intensidad de las palabras que en su mensaje el autor nos pretendía dejar.
Esta frase del visionario poeta español es una máxima que nos invita a recorrer la vida, no importa lo que traiga, el aquí o el allá, es la invitación a lanzarnos a ese escenario donde siempre somos protagonistas y no se aceptan papeles secundarios.
Está claro que la vida se debe vivir, no hay sorpresas, aunque a veces haya sorprendidos, porque vivir supone la aventura cotidiana e inesperada, a un mundo de experiencias, que se obtienen participando de ellas. Así debemos recibirla como viene, sin afanes ni desesperanzas.
Vivir, andar, recorrer, dejar huellas a nuestro paso, solo lo logramos con las experiencias que adquiridos en ella y la forma que transmitimos las enseñanzas que ella nos da.
Todo lo que llega y se va de nuestra vida es simplemente para tomar conciencia de un aprendizaje, que a veces podemos entender o no.
En ese sentido, las carencias nos permiten valorar lo que hemos conocido y perdido y la abundancia a valorar lo que se posee.
Hay quienes viven abrumados insertos en lo cotidiano, donde no se da cabida a más nada que no sea la vorágine que arrastra todo lo que está a su paso y que llamamos: ser aceptado o admitido por la sociedad. Modas, fiestas, lujos, conversaciones efímeras, atestadas de emoticones o símbolos fugaces en un tono de “me gusta” o “no me gusta”, la lista interminable, de banalidades, cuyas etiquetas prometen otorgar una felicidad que dista en llegar.
Vivimos absortos en un letargo del que hay que sacudirse para pronto despertar. Este torbellino arrastra todo lo que está a su paso envolviéndonos, encadenándonos y convirtiéndonos en seres autómatas tipo “robots”, que actúan dependiendo del comando que les ha sido programado, activado u ordenado.
El resultado: gente enferma e infeliz sin saber el porqué de sus males y aflicciones.
No obstante, hay oportunidad de cambio, ya que como seres creadores contamos con un poder regenerador, esa sabiduría interna y divina que tiene cada quien y que plenipotenciariamente ostentamos, al ser hijos de Dios. No hay cosas buenas ni malas, solo situaciones que ayudan a crecer y en atención a nuestras valorizaciones convertirlas en lo que en este plano llamamos destino.
Pasamos la vida dando tumbos buscando algo que solo está dentro de nosotros. Hay quienes viven colgados a las ramas quebradizas de árboles sin raíces. Hay sueños e ilusiones navegando en mares profundos de enseñanzas baratas.
Para mi dicha personal, he tenido la oportunidad de presenciar desde las situaciones más frívolas hasta las más sublimes. Y de todas he aprendido, ya sea para ver las cosas desde otra perspectiva, a veces hasta llegar a elaborar serios cuestionamientos y otras veces para emprender cambios. Pero siempre como aprendiz de experiencias, propias o ajenas y con un propósito mejorar para abonar espacios firmes y seguros para otros.
No hay que ser eruditos ni poseer la verdad absoluta para alcanzar la plenitud, solo hay que tomar conciencia de tu verdad, de quiénes somos, hasta dónde queremos llegar y qué queremos dejar a nuestro paso.
La abundancia del espíritu está en la medida que tenemos la necesidad de aprender y con que nos quedamos después de cada vivencia.
Nuestro deber es trascender por nuestras acciones ver más allá de la capacidad física del ojo humano y dejar en el camino nuestro sello personal.
Vivamos la vida, arriesguemos a vivir y apostemos por dejar huellas en el camino para que otros no se pierdan en el recorrido.
Icenit Melgar