Una introspección necesaria
Esta semana, Rafael Candanedo, presidente del Colegio Nacional de Periodistas, se atrevió a revelar una radiografía sobre la percepción interna y externa de la profesión en Panamá. Un acto valiente y necesario para todos los ejercicios profesionales, abogados, médicos, ingenieros o arquitectos. Todos tenemos una responsabilidad social al momento de ejercer nuestras tareas, pero a nadie le gusta estar en la mira.
Los periodistas, además, debemos tener presente en todo momento la ética profesional, pues representamos no solo la voz de quienes no la tienen, sino que debemos investigar a fondo los hechos, entregar información veraz, certera, y nunca descuidar el equilibrio y la objetividad. Miles de principios se unen al redactar una nota.
Sin embargo, la percepción de la sociedad indica que no estamos haciendo bien nuestro trabajo en cuanto al uso y abuso de la libertad de expresión. En este punto, la opinión pública está dividida en partes iguales, he ahí el peligro.
¿Por qué la gente piensa que abusamos de nuestra condición en función de la libertad de expresión? ¿Será que escudamos nuestras malas prácticas en este término?
Un desbalance a favor del abuso de la libertad de expresión pone al gremio en aprietos; el mayor activo de un periodista es la credibilidad, en el momento en que deja de tenerla puede retirarse sin nada que perder. Peor aún, cuando la profesión es percibida sin credibilidad es transferida a otros poderes que no necesariamente son capaces de transmitir con objetividad, sino una verdad a su propio interés.
Pareciera que la adquisición de medios por parte del Gobierno puede alterar la credibilidad del medio, pues se tiene la percepción de que quien trabaja para el Estado, sin importar qué gobierno esté al mando, no dice la verdad completa, más bien se parcializa a favor de la gestión gubernamental.
También hay quienes no trabajan en el Gobierno, pero inclinan la versión de los hechos por algún interés en particular y se escudan en la objetividad, una práctica deshonesta condenable. Hay periodistas honestos, con vocación, balanceados, que tratan de llevar la mejor redacción al receptor, espero que en esta sección estemos la mayoría.
Los resultados, a pesar de ser una alerta, son sanos para motivar una sincera reflexión del gremio, reforzar principios y valores periodísticos, lograr mejoras salariales para equilibrar la carrera y los riesgos que conlleva, y reforzar los gremios, especialmente en tiempos en los que las sensibilidades están a flor de piel.